vecchio Piemonte

Curiosidades históricas (036)                 

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Bastian ya no viene

 


Certificado otorgado por el alcalde de la ciudad de Asti para la libre circulación dentro...



   Hasta hace algunos años, para las fiestas de Carnaval y de San Segundo, se plantaba en Asti una vieja calesita, o mejor dicho, una antigua calesita . La calesita de Bastian era una de aquellas diversiones simples, siempre iguales desde generaciones y generaciones, que no habían consentido componendas con el modernismo de los otros aparatos que, en medio de aullidos y bocanadas de aire comprimido, con movimientos neuróticos, típicos de nuestros tiempos, se agitaban a su alrededor.

   La calesita de Bastian data de la mitad del siglo XIX, tal como lo atestigua un antiguo documento del 1° de marzo de 1856, en virtud del cual el por entonces alcalde de la ciudad de Asti, Giovannelli, concedía la autorización para circular a Schiavo Sebastiano (Bastian), de profesión dueño de calesita

   Bastian, descrito en el propio documento como hombre alto, de rasgos faciales normales, de ojos y pelo castaños, fue el fundador de una familia de ambulantes astigianos, cuya última descendiente es Tecla Schiavo, quien, con su hermana Emilia, aún hoy va de ciudad en ciudad, plantado su calesita, pero ésta ya no es la de Bastian

  "¡Qué le voy a hacer! -me dice Tecla- la calesita está vieja, difícil de armar, y además es muy pesada. Vea, hay varios centenares de piezas". 

    Varios centenares de piezas, todas de madera, muchas de las cuales fueron hechas a mano por pacientes artesanos que, según las épocas, pusieron algo distinto en esa gran máquina. 

   Veamos un poco: está compuesta de un pabellón recubierto de lona, que remata en una escultura que representa a Gianduja ; del armazón circular cuelgan varios soportes cilíndricos a los que se sujetan los caballitos de madera, que, libres en su movimiento, simulan un desenfrenado galope. En otro círculo, más hacia adentro, se mecen suavemente unas carrozas y ciertas figuras, entre sirena y centauro, cuyas cabezas llevan orgullosamente el sombrero con pluma de los bersaglieros de Lamarmora.

   Entre los caballos de madera, durante cierto tiempo (desde 1910 hasta 1927), hubo uno verdadero, punto de transición entre el movimiento a mano y la tracción eléctrica, que, como recuerdan las hermanas Schiavo, se llamaba Balin. Era, en realidad, como una persona de la familia que, cual auténtico profesional, trabajaba solo con la calesita; para los desplazamientos se alquilaban caballos a los carreros. Balin debió ser vendido en 1927 y Giuseppe Sebastiano Schiavo, el "Bastian" de entonces, lloró al ver que se lo llevaban.

   Además de la despreocupada diversión, la calesita de Bastian tenía otro atractivo: la vuelta gratis que se podía ganar agarrando la sortija que pendía de una esfera de madera sostenida, por medio de una suerte de mástil, al alcance de los jinetes. Los niños y los muchachitos se medían en este incruento torneo, unos para hacer durar un poco más el prèt dominical, los otros para impactar a las muchachas que, con ostentada indiferencia, se paseaban por la plaza. 

   Ahora la calesita de Bastian ya no se mueve, se encuentra en desguace. En un viejo patio, bajo un toldo polvoriento, los caballitos descansan, lejos de los deseos de los niños y de los recuerdos de los adultos. 

   El tiempo hace sus jugarretas, y cuando ya nadie sepa plantar la calesita de Bastian, ¿qué suerte correrá esta simple expresión popular que ha ocupado un puesto de primer plano en los días felices de la gente? A la calesita de Bastian le espera un fin poco glorioso como leña para el hogar o, a lo sumo, a algunas de sus piezas más preciadas, un puesto en alguna tienda de antigüedades. ¿Bastian ya no vendrá?

   Si así fuera, otro pedacito de nosotros seguirá a la vieja calesita hacia el exilio, en aquel limbo reservado a las cosas que, inmerecidamente, están destinadas al olvido.

Vanni Cornero

 

Bibliografia

Luigi Baudoin, La giostra di Bastian, Edizioni Dal Colle, Torino, 1971; La nuova Provincia, 15 de mayo de 1954; Astisabato, 20 de mayo de 1960.
Un especial agradecimiento a las hermanas Tecla y Emilia Schiavo, por haber permitido gentilmente que se reprodujera aquí su documento, como asimismo a nuestro amigo Dario Cerrato, por haber colaborado con la realización de este artículo.

(Extraído de "Il platano", revista cultural de Asti, Asti, año  II, n. 4, 1977, pp 52-54)

fecha de revisión:   06/04/2005