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Curiosidades históricas (012)                 

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Beth
El legendario desfiladero del Beth

El Paso del Beth separa el Brich Ghinivert del Bric di Mezzogiorno y representa un importante lugar de tránsito entre las cuencas del Chisone y de Germanasca. (Tomado de Regione Piemonte - Piemonte Parchi n. 82)

   

   Si bien la leyenda siempre es remembranza de hechos acaecidos en un lugar determinado, el paso del Beth (a 2.785 metros, en la ladera orográfica derecha del Valle Troncea, entre la Punta del Beth y el monte Ghinivert), si se tiene en cuenta la cantidad y la calidad de los relatos en que aparece como escenario, debía de ofrecer fuertes estímulos al imaginario colectivo en los valles Chisone (en su parte superior), Troncea y de Massello.

   No obstante, su renombre más reciente, o mejor dicho el conocimiento que se tiene del lugar, se propagó no tanto por la existencia de minas de cobre a tan elevada altitud o del sugestivo ramillete lacustre (seis o siete lagos en condiciones atmosféricas óptimas) que allí se encuentra, sino más bien a consecuencia de una horrible tragedia sobrevenida en abril de 1904, cuando dos avalanchas de nieve causaron la muerte de nada menos que dieciocho mineros que, debido a las abundantes nevadas en los altos cerros, iban bajabando en grupos hacia el valle 

   La historia de la minería local, que vio su apogeo productivo en el siglo XIX y su definitiva desaparición en 1914, bien pudo comenzar mucho tiempo antes, con la localización y sucesiva recolección de minerales cupríferos. Así lo sugieren indirectamente las leyendas de la comarca, la elección de sus personajes y el tema del tesoro escondido, metáfora fácilmente asociable a la existencia del cultural y económicamente precioso mineral cuprífero, "primo pobre" del oro. 

   El valor sugestivo y simbólico de los intérpretes y del tema se ve además reforzado, en este contexto, por el hecho de que se le asocie la existencia de cuevas y minas: aperturas al mundo subterráneo, una de las dimensiones cultural y físicamente más temidas del pasado, de difícil integración en un ámbito experimental, y por ende, aceptable "tan sólo" a través de la relación de una fantasía reelaborada.

   La siguiente leyenda, acaso la más significativa y particularmente rica y articulada en la versión del Dr. Murmex, aparecida en 1912 en Pinerolo y zona circunstante, pone d emanifiesto, en su contenido y en su mensaje más enmascarado, la fascinación y el temor que suscitaba ese universo liminal, esa línea de demarcación que corre entre la oscuridad y la luz, entre la curiosidad y la prudencia. 

   "Años ha, solía sentarse frente a la entrada de una cueva del Beth un anciano de blanca barba que acostumbraba invitar al viandante que pasara por allí a proseguir su camino, deseándole que Dios lo llevara hacia otro sitio. Acto seguido, y como si aguardara algo, volvía su mirada hacia el interior de aquel oscuro mundo. En las aldeas del fondo del valle, muchas cosas se decían acerca de su figura: para unos era el guardián de una entrada del infierno, para otros, un mago.

   Pero él era sólo un fiel servidor, deseoso de hallar paz y cansado de esperar a su joven amo. Este era el Conde Borgogno dei Trucchetti, señor del Valle de San Martín (o Valle Germanasca) y dueño de las minas de Vallancros (arriba de las cascadas del Pis) y de Glacieres (o sea del Beth), también codiciadas por el Obispo de Embrun y motivo de litigios durante setenta años (1140-1210). Todo comenzó un día en que, acompañado por el anciano de blanca barba, el conde se dirigió a lo alto de la colina para ahuyentar la tristeza que le embargaba tras la pérdida del amor de su bella Violante.

   Y mientras, una vez más, estaba virtiendo en canciones y poemas compuestos para ella toda su tristeza y su dolor, un canto dulcísimo, que provenía de bajo la tierra, irradió por el lugar. El escudero, como presintiendo la amenaza de un peligro, pidió con insistencia al conde que se marchara de allí, mas éste ya se encontraba apresado por la misteriosa música. Por último, de un antro que se abrió repentinamente en la roca salió una hermosa joven con una guirnalda de rododendros en la frente, que lo invitaba a seguirla hacia el interior de la cueva. Entonces, sin vacilar, el conde accedió a la invitación. 

   El escudero en vano intentó detenerlo, y pronto una puerta se cerró tras los pasos de su amo. Transcurrió un año y en el rostro de la bella joven comenzaron a formarse algunas arrugas, luego otras y otras más. Su huesped le suplicó, reiteradamente y jurando que regresaría, que lo dejara salir a respirar aire puro y a ver la luz del día. Y sólo cuando, en un enésimo reclamo de libertad, pronunció el nombre de Dios, la joven desapareció instantáneamente, y el conde pudo al fin salir de la cueva, en cuya entrada encontró a su escudero.

   De rodillas, empezó a rezar de inmediato. Hacía rato que no lo hacía. Arrepentido de haber vivido en pecado, decidió entonces ir a pedir perdón a Roma, hacia donde se encaminó seguido de su fiel servidor. A medida que se iba acercando a la ciudad eterna, comenzó a sentirse cada vez más desligado de la promesa que hiciera a la joven del Beth. Pero el prelado que lo recibió y oyó el relato de lo sucedido no sólo le negó el perdón, sino que además sentenció en su contra una terrible condena: sus pecados serían redimidos cuando su cetro, plantado, florecería. 

   Así pues, mientras el juez hundía en la tierra su cetro, el conde se alejó con tristeza, confiando a la misericordia divina su última esperanza de ser perdonado. A los tres días de pronunciada su sentencia, el severo prelado tuvo un extraño sueño en el que aparecía, en toda su grandiosidad, poder y misericordia, el juicio de Dios. Soñó asimismo que un serafín le señalaba con el dedo su cetro verdeante, repitiéndole la misma condena que él había infligido a aquel pecador que venía de lejos.

   Al despertar, comprendió su grave falta de piedad e inmediatamente mandó mensajeros a los cuatro puntos cardinales para que hallaran a aquel hombre arrepentido a quien él había tan inútilmente humillado. El conde ya había regresado a la cueva del Beth, donde permanecerá por largos años, pero a la entrada del horrible antro, siempre le estará esperando, sentado en una piedra cubierta de musgo, su fiel escudero."

                                                                                                      

                                                                                                      Diego Priolo

(Extraído de "Piemonte Parchi Nº 2")

   Para llegar a este paso de montaña, el sendero más transitado y de más fácil acceso (E.P.T. 320) es el que sale del caserío Troncea y se bifurca en el tramo que generalmente utilizaban los mineros, y precisamente durante este recorrido aún se pueden avistar significativos testimonios de la reciente historia económica local, como son los antiguos Hornos de San Martino.

   Desde el paso, y tras una hora más de camino, en total entre tres horas y media y cuatro, se puede llegar hasta la cima del monte Ghinivert (Eiminal, en el habla local), un clásico de tres mil metros de altura, con una potencialidad panorámica más que respetable, y cuyo topónimo podría proceder de Cunibertus, obispo turinés del siglo XI. En cuanto al topónimo Beth, asimismo escrito Bet, existen varias opiniones: para algunos, se debe relacionar con el color blanquecino de la primera leche de después del parto, llamada "bet" en el habla local, y asociato en este caso ya sea a la nieve que tarda en derretirse en la ladera orientada hacia Massello, ya sea al agua de los lagos. Otra hipótesis: se trataría de una palabra de origen sarraceno...

Para una información pormenorizada del sitio y la historia de las minas, recomendamos:

   Gian Vittorio Avondo: Vite nere (Storia delle miniere del Beth e della grande valanga del 1904). L'Altro Modo, Pinerolo.
   A A V: Val Chisone e Sestriere, Kosmos, Torino.
   Michele Ottino: Alla scoperta della Val Troncea, Parco val Troncea, Regione Piemonte.Villanova Monferrato.

fecha de revisión:   06/04/2005