vecchio Piemonte

Curiosidades históricas (004)

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Códigos interpretativos relacionados con los trabajos campestres

El conocimiento del cielo en la cultura popular

La Eitelo en el Valle del Chisone y la "steila d'la smens" (estrella de la semilla) en otoño

   ¿Podemos hablar de un conocimiento popular del cielo? ¿Qué se sabía al respecto antiguamente? Podría decirse que muy poco, si se tiene en cuenta el consejo admonitorio de un proverbio, de origen probablemente campesino, según el cual observar el cielo era una pérdida de tiempo. Juicio aparentemente infundado, pero en cuya formulación tal vez fueran bastante determinantes por un lado, los límites cognoscitivos y los precarios medios instrumentales para acercarse a tal realidad, y por otro lado, el valor precioso del tiempo, ya sea respecto de la duración de la vida, ya sea como ocasión y precio del trabajo, los cuales no debían desperdiciarse en semejantes pasatiempos.

   No obstante, de las conversaciones sostenidas con campesinos ancianos se desprende la impresión de que el consejo del proverbio no se tomaba mayormente en consideración. Surge, en efecto, un conocimiento reducido del cielo pero, así y todo, no simplista y, dados los límites señalados, sorprendente por varios aspectos. Un conocimiento que teóricamente podría representar el epígono de aquel saber astronómico elaborado y compartido desde la prehistoria y que sobrevivió fundamentalmente a través de su repercusión concreta en la organización y calendarización del trabajo.

   En breves palabras, se observaba o mejor dicho se escrutaba el cielo, pero en dirección hacia la tierra. Las variaciones de aspecto (tamaño, luminosidad, calor) de los cuerpos celestes y sus diferentes posiciones en el espacio contribuían a determinar el real calendario o libro de vencimientos laborales, las partidas y regresos de la trashumancia, las cosechas en curso y las deserciones. 

   Por cierto, existían también un cielo religioso y un cielo simbólico, ambos aceptados y respetados, pero en la tradición observada en este ámbito socio-económico, los dominios de referencia aparecían bien diferenciados, aunque se recurriese, para memorizar un dato "astronómico" adquirido, a una referencia o adscripción religiosa. Si bien el sol y en particular la luna, tal como veremos más adelante, fueron objeto de observación y verificación de hipótesis, al punto que originaron verdaderos "códigos" interpretativos populares, lo más asombroso resulta ser el reconocimiento generalizado de algunos cuerpos celestes "menores". Así, por ejemplo, en el cielo de la mañana, antes del despuntar del sol, y especialmente en la llanura, se individualizaba certeramente, hacia el este, la "steila bovera" (muy seguramente Venus), la cual recibía este nombre porque su aparición coincidía con el comienzo del trabajo de quienes debían llevar el ganado a pastorear. La "rousa" (¿Martes o Antares?), caracterizada precisamente por su luz "roja", recordaba, cuando comenzaba el verano, que la siega ya debía concluir, mientras que la "steila dla smens" (¿Sirio?), según el momento y la posición en que aparecía, señalaba el tiempo de la siembra otoñal o primaveral.

   Tanto en la montaña como en la llanura, y muy particularmente en la temporada invernal, se reconocían con certeza a los Tres Reyes (li Tréi réi o, en los valles superiores, li Seitour), es decir las tres estrellas resplandecientes y alineadas que forman el así denominado Cinto de Orión. Igualmente conocidos en ambas áreas geográficas eran el Pequeño y el Gran Carro, cuyos respectivos términos dialectales son traducciones del italiano, y la Vía Láctea (Vio d'san Jacque en la montaña y Stra d'san Giacu en la llanura), que se interpretaba como indicación de la dirección que había de seguirse para ir al santuario español de Santiago de Compostela. 

   En las aldeas de la montaña, allí donde el cielo de la noche ofrecía un despliegue de estrellas más amplio y profundo, los reconocimientos e indicaciones eran, de seguro, aún más frecuentes, aunque pocos sean hasta hoy los términos locales recuperados. Así, por ejemplo, en el Valle Germanasca, según información recogida en los estudios del Prof. T.G. Pons, las Pléyades, perfectamente observables en primavera, eran conocidas como la Pousiniero o Poussiniero, es decir la gallina clueca, término con el que quizá haya que relacionar Gallinelle, denominación de dicha constelación en italiano popular. La aparición de la Eitèlo d'l'ermas (literalmente, la estrella de la escoba, es decir el cometa) acaecía afortunadamente muy pocas veces. En efecto, su paso siempre despertaba angustias y temores. La Etèilo (a menudo con inicial en mayúscula y de difícil identificación astronómica), en el alto valle del Chisone, era la estrella de la noche de Navidad. Así asociada al nacimiento de Jesús, se decía que permanecía en el cielo hasta acabado el oficio religioso de la noche. 

Extraído de un estudio de investigación de Diego PRIOLO

El presente escrito ha sido proporcionado por el autor y publicado en "L'eco del Chisone" del 13 de junio de 2002.
La imagen (constelación Cassiopea) ha sido extraída del sitio web www.universonline.it .

 

fecha de revisión:   06/04/2005