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Curiosidades históricas (005)

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La flor de la Concordia o de la Mano del Buen Diòs

     
nigritella nigra nigritella rossa dactylorhiza maculata

   Entre las muchas flores que en primavera dan vida a las variadas dimensiones cromáticas de Pra Catinat, también está, respetando las denominaciones populares, la de la Concordia o de la Mano del Buen Diós.

   Se trata de una orquideácea de color rojo oscuro, presente en algunas zonas montañosas cubiertas de prados, entre los 1300 y 1600 metros, y cuya característica es un intenso perfume a vainilla. 

   Existe otra especie similar que, aunque de color amarillo pálido, también se conoce con la misma denominación, en contraposición con la roja oscura que recibe el nombre, seguramente favorecido por el valor simbólico de su color, de la Mano del diablo. Según una tradición de este valle, en parte compartida por otros valles, la "mano" es sugerida por la forma y desarrollo de sus raíces, mientras que el atribuirla al diablo no sólo se debería a su color, sino también a la creencia según la cual, cuando se pone una orquidia "clara" cerca de una "oscura", las raices de la primera buscan enredarse con las de la segunda para impedir así que ésta haga daño.

   En la obra Vita Montanara e Tradizioni Popolari Alpine del profesor T.G. Pons se muestra una fotografía de ambas flores, de A. Genre, y se adscribe tal variedad a la familia de las Nigritellas, a la vez que se refiere otra creencia según la cual, el entrelazamiento de las raíces de dichas plantas podía proporcionar indicaciones acerca de cuánto duraría un vínculo entre dos personas. Según T.G. Pons, se creía que el aroma a la vez suave y penetrante de "l'erbo d'la councordio" poseía el poder de despertar y conservar simpatía entre dos personas que hubiesen comido sus minúsculas semillas (... ¿mal de amores o dolor de vientre?...).

   Otra leyenda, recogida por el estudioso Giuseppe Bourlot, de la ciudad de Fenestrelle, cuenta asimismo que por la forma en que aparició y se difundió esta flor en los prados situados al pie del Monte Pelvo, su perfume se ha tornado en el elemento que restaura el equilibrio de los afectos y los lazos interpersonales.

   Un día del año 906, dos monjes de Novalesa, huyendo de los Sarracenos que acababan de atacar su convento, intentaban ganar la ciudad de Turín, abriéndose paso a través del Valle del Chisone. Una vez traspuesto el Colle delle Finestre, ya se dirigían hacia Fenestrelle cuando, al pasar cerca de una cabaña construida en medio de estos prados, vieron una mujer sumamente compungida a causa de su marido. Éste, cuando bajaba al valle a vender la mantequilla y el queso que hacía con su mujer, se gastaba todas sus ganancias en bebidas y a su regreso se mostraba extremadamente violento. Los monjes, apiadados ante tal relato, entregaron a la mujer unas semillas de cierta flor que al abrirse plenamente daría un perfume que disuadiría a todo aquel que intentara malas acciones. Al cabo de pocos meses, unas esplendorosas orquidáceas rojas -naturalmente, el color cobra aquí valor positivo- rodeaban la humilde vivienda. Ahora bien, un domingo por la mañana, estaba el hombre preparándose, como de costumbre, para bajar al valle, cuando la joven mujer puso en su cesto un ramillete de aquellas flores, que permaneció inmóvil hasta el momento en que el hombre quiso entrar a gastar su dinero en la fonda. Entonces, un perfume embriagador se desprendió del ramillete y el hombre se sintió extraño, mientras una voz interior lo llamaba a tomar conciencia de su irresponsabilidad. Inmediatamente regresó a su casa y desde aquel instante su comportamiento cambió por completo. Ya no volvió a caer en los errores del pasado, aun cuando acabara la primavera y dejara de dar sus pimpollos aquella hermosa flor roja.  

   Es preciso añadir que, según un cuidador del Parque Orsiera Rocciavrè, la Mano de la Concordia o de la Mano del Buen Dios, también puede identificarse como una Orchis Maculata (Dactylorhiza Maculata). Última curiosidad: con las flores de los prados de Catinat, a decir de De Amicis en Alle porte d'Italia, se hacía un licor que podía hacer "digerir una bomba hervida"... 

                                                                                                               Diego Priolo

(Articulo de Diego Priolo, extraído de "L'eco del Chisone", 6 de agosto de 1998)



fecha de revisión:  06/04/2005