vecchio Piemonte

Curiosidades históricas (014)                 

INDICE home historia
Culers

 

Culers (fotografía digital y elaboración de Sergio Giacone)

   

   Del Culers, o Cules, o Culeis, o Culaess, según las diferentes pronunciaciones de la misma palabra en las comarcas de Pinerolo, se habla cada vez menos. No obstante, si tenemos en cuenta los relatos populares, principalmente los de tradición campesina, hasta no hace muchos años, el culers era una de las acechanzas más temidas de las noches estivales, como así también una de las más resaltadas en las creencias y fantasías.

   La gran frecuencia y difusión del fenómeno, precisamente, afectó la propia identidad del Culers, que además de ser un fuego fatuo (o luz mala) -identidad original y más genuina-, también llegó a denotar un animal nocturno, cierta particularidad de los troncos de algunos árboles, un fenómeno óptico de refracción del resplandor lunar, etc.

   Ahora bien, ¿en qué consistía (¡y consiste!) efectivamente esta criatura de la noche? Pocas palabras bastan para responder: una pequeña llama blanquecina o amarillenta que suele flotar, con una inmovilidad casi total, a escasos diez centímetros de la tierra, pero que puede desplazarse súbitamente, a favor del vacío de aire creado por el movimiento de la persona que se le acerca o se aleja de ella.

   Precisamente el hecho de que acompañe un desplazamiento de aire, produciendo la impresión de ir hacia alguien o de seguirlo, se interpretó en ciertos casos como una expresión de voluntad, como si detrás de la pequeña llama o en su propio interior se escondiese, con todo lo que de ello se derivaba, un espíritu, un ente...

   Muy sencillamente, por el contrario, el Culers no es más que el producto de una combustión de gas, originada por sustancias orgánicas en descomposición y favorecida, en tal reacción químico-física, por determinadas condiciones de temperatura y la existencia de terrenos húmedos. Además, al no ser visible a la luz del día, sino tan sólo de noche, cuando la oscuridad de por sí acrecienta los miedos ante las cosas desconocidas, este fenómeno natural acabó siendo, de este modo, la matriz que dio forma y sustancia a miedos y creencias de muy lejana procedencia.

   Por otra parte, el hecho de que se observe en las inmediaciones de los cementerios o dentro de los mismos, al menos así se decía con insistencia (por lo demás, justificable) en las narraciones, ha hecho que el Culers también sea considerado como una manifestación de las almas de los difuntos, deseosas de revelar la continuidad de la vida o condenadas a errar por las noches para expiar sus pecados.

   En Buriasco, además de las identificaciones y ambientaciones más comunes, se creía que el Culers era el reflejo o la reverberación de la luz de la luna en el tronco cortado de un aliso, árbol que crece a orillas de las cunetas. En cambio, en Cumiana, tal efecto luminoso se producía en el tronco de las moreras cuando el sol había sido muy fuerte durante el día. En los valles Noce y Chisola, finalmente, los mismos troncos de los árboles más altos, talados mucho tiempo atrás, podían, al empezar a descomponerse por dentro, emanar y alimentar la tenue y pequeña llama... (Creencias recopiladas en las localidades aludidas) 

                                                                                                       Diego Priolo 

(Extraído de "L'eco del Chisone" del 6 de agosto de 1998)

fecha de revisión:    06/04/2005