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Curiosidades históricas (008)                 

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Cumiana
Un itinerario histórico cumianense: el Camino de los Muertos

Campanario prerrománico de la Iglesia de los Santos Gervasio y Protasio (foto extraída del sitio de Cumiana)


   El antiguo Camino de los Muertos, más conocido como la Stra' dij mort (esp.: "el camino de los muertos" en piamontés), se encontraría actualmente, en algunos de sus tramos, reducido a un minúsculo sendero, mientras que en otros no ha desparecido totalmente y sobrevive en la memoria de muchos habitantes de Cumiana.

   Según cuenta una leyenda (referida por Monseñor Michele Grosso y el Caballero Bertolotti, autores de obras dedicadas a la historia del pueblo y sus habitantes), y al no haberse encontrado documentos oficiales que la invaliden, el Camino de los Muertos unía antaño el Valle de Susa con el antiguo cementerio de la Iglesia de San Gervasio, en el caserío Costa di Cumiana, y se abría en su tramo final, a partir de la Colletta, atravesando las localidades de Bianchi, Canali Alti (aquí el trecho de sendero recibe el nombre del "infierno"), Burdini, Canali Bassi, Cioccheria, Gonteri, Oreglia, Castelli della Costa, San Gervasio.

   Habría dado origen a su singular denominación el hecho de que se seguía este itinerario para llevar a los muertos de Susa hasta Cumiana, donde eran sepultados. El traslado no resultaba cómodo en absoluto, y además se corría efectivamente el riesgo de que -tal como sentencia un famoso adagio popular- el muerto acabara matando al vivo. Ahora bien, ¿por qué se realizaba la inhumación en este lugar? ¿Se trataba de un hecho habitual o tan sólo episódico? Y ¿a qué época se remonta tal práctica? El vacío informativo al respecto estimula las preguntas, y pese a que la transmisión del relato a través del tiempo haya podido hacerse sólo por la vía de la memoria colectiva, resulta difícil negar la genuina huella de esta página de la historia de nuestra comarca.

   En el sector alpino comprendido entre los valles de Susa y Pellice, y a pesar de las diferencias lingüísticas y vivenciales que median entre los pueblos del uno y el otro, los topónimos con denominaciones de este tipo no resultan casuales y a menudo suelen rememorar tragedias por lo general colectivas, ligadas a episodios históricos bien precisos.

   Por su extensón, la "stra" en cuestión presenta algunas analogías con otros recorridos más conocidos, como el de los Francos en el Valle de Susa, y su trazado en la alta montaña, además de deberse a razones de seguridad frente al peligro acechante que representaban antaño las aldeas del fondo del valle, también podría deberse a algún recorrido ya existente desde antiguo, quizá trazado por prehistóricos pastores para la trashumancia de sus rebaños.

   Según las informaciones proporcionadas por los dos autores ya mencionados, desde épocas muy remotas existía en la localidad de San Gervasio un antiguo cementerio contiguo a una iglesia (la antigua parroquial de los Santos Gervasio y Protasio), los cuales, pasada la primera mitad del siglo XVIII, fueron removidos. Tales datos llevan a pensar que la zona de Cumiana pudo ser no sólo una de las primeras en acoger el mensaje cristiano, sino también un antiguo centro de propagación de la nueva fe.

   Confiere nueva dimensión a esta hipótesis -sin por ello anularla- la falta de comprobaciones históricas y, concretamente en este caso, de tradiciones relacionadas, por ejemplo, a leyendas basadas en algún "presumible" paso por el lugar de apóstoles o del propio Jesús, portando in loco la palabra de la nueva esperanza, que pudieran atestiguar la contagiosa fe de las gentes del lugar, como se registra en algunas comunidades de los valles de Susa, Chisone y Angrogna.

   Análoga función cumple en esta comarca la poderosa figura de San Valeriano, aquel mítico soldado de la legión Tebea que, al igual que otros de sus compañeros, para no abjurar su fe como lo deseaba el emperador romano, habría buscado refugio en los valles más recónditos, entre los cuales los de Cumiana y Susa, donde la tradición cuenta que el legionario fue el iniciador de la evangelización.

   No debería hablarse aquí de folklore, sino más bien de una fuerte religiosidad popular que desde épocas remotas vincula la figura del santo con estas comunidades. Curiosamente, en Villarfocchiardo, otra comunidad del Valle de Susa, donde también es muy fuerte la devoción a San Valeriano, se cuenta que éste, para huir de quienes lo perseguían, habría saltado desde lo alto de una colina (que posteriormente recibió su nombre), en las inmediaciones de Tavernette (al sud del caserío Costa, al que lo une el ferrocarril), donde, según la tradición, una roca conserva aún las marcas de sus rodillas al momento de caer.

   Hasta no hace muchos años, las peregrinaciones a los lugares que guardan la memoria del santo contaban con una importante participación popular e incluso acudían a ellos forasteros de diversas procedencias. Por otra parte, las montañas y los valles nunca habían sido obstáculo a estos "constantes" intercambios de peregrinos entre los valles del Chisola, Chisone y Susa, y el hecho no sólo se debía a una actitud de auténtica devoción, sino que también era la expresión de una cultura frecuentemente compartida, en la que el caminar iba más allá del mero movimiento físico, colocándose en planos más profundos y complejos.

   Así pues, ¿no sería, por algunos aspectos, el Camino de los Muertos uno de aquellos itinerarios de la fe popular hacia un lugar santo, y posteriormente convertido, quizá, en uno de los primeros de la comarca en acoger, en forma organizada y reconocida, los despojos de los fieles?

Diego Priolo

(Extraído de L'eco del Chisone, 4 de septiembre de 1997)

fecha de revisión:   06/04/2005