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Curiosidades históricas (023)                 

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La Garita del Diablo
Leyenda del Fuerte de Fenestrelle

La Garita del Diablo, puesto de centinela que avanza sobre el precipicio desde el peñasco de veinte metros de altura sobre el que está construido.   (http://www.fortedifenestrelle.com)



   Pese al gran impacto emotivo que se experimenta al ver el fuerte de Fenestrelle, sensación que probablemente fuese aún mayor en el pasado, cuando la gente, por cierto, estaba menos acostumbrada a lo grandioso, no ha habido mayormente al respecto una fantasía eleborativa que luego se tradujera en relatos.

   Indudablemente, la poca antigüedad de la obra (escasos tres siglos) y la falta de acontecimientos que despertaran el apetito de la leyenda han condicionado, en parte, este vacío de producción. Sin embargo, nada impide pensar que el incesante redescubrimiento y valorización de este gigantesco complejo fortificado, la recuperación o nueva interpretación de documentos acerca de su historia y vicisitudes de sus forzados huéspedes, sean estos ilustres o no, como asimismo el sugestivo entorno natural que lo acoje, puedan estimular "nuevas" fantasías, relatos, propuestas y Dios sabe cuántas cosas más.

   La única leyenda del fuerte de que "actualmente" se tenga conocimiento se refiere a una de las pequeñas construcciones del complejo, pero con premisas y características tales que "justifican" todo el interés puesto en ella. Se trata de la Garita del Diablo, un torreón bajo y tosco, que desde su posición, más arriba del Fuerte Tre Denti, en un inaccesible peñasco, hacía las veces de eficaz observatorio estratégico desde el que se dominaban los sectores medio-alto y superior del Valle Chisone.

   Su denominación podría evocar, no al constructor de la osada obra, sino más bien a aquel que, por las noches, hacía vanos los esfuerzos constructivos de los hombres, que, a pesar de todo, resultaron vencedores. Tal singular atribución al demonio nos proporciona por tanto la medida de la realización del proyecto en un sitio impensable, continuamente azotado por los vientos. Si bien los presupuestos narrativos fueron la audaz elección del lugar para erigir el observatorio, las dificultades encontradas durante la construcción, e incluso, curiosamente, el olor del azufre que, utilizado en la propia obra, se sentía en los alrededores de la garita, no hay duda de que el recurrir a la figura del diablo, en su papel de antagonista o, en otra versión, de culpable "expiatorio" de las dificultades de la empresa, está relacionado con la tradición clásica de la leyenda, que de alguna manera se ve reforzada en el período romántico, en cuyo contexto histórico-cultural es probable que se delineara el relato.

   En las páginas de su obra "Alle Porte d'Italia", dedicadas a esta fortaleza, E. De Amicis nos refiere una anécdota, con sabor a leyenda, "indirectamente" referida a dicha construcción. El protagonista de la historia es un servicial burro ciego, destinado a transportar victuallas a lo largo de una empinada escalera cubierta. Pese a su ceguera, el animal realizaba varias veces al día el penoso recorrido, hacia arriba y hacia abajo, sin romper nunca nada.

   El interés, por parte de la leyenda, en los fuertes de Fenestrelle había comenzado con el Fort Mutin, cuyas ruinas, cuando la vegetación no las oculta completamente, aún pueden verse en la ladera opuesta a la del fuerte más renombrado. Del mencionado fuerte nos habla Quirino Trivero en su Storia di Pinerolo, editada en 1890., y en él sitúa el momentáneo aprisonamiento de la Mácara de Hierro, quien, tras un intento de fuga desde la cárcel construida en el subterráneo del campanario de la catedral de Pinerolo, es trasladado a Exilles. Durante su permanencia en el Mutin, el protagonista habría escrito su atormentada experiencia en un trozo de sábana y lo habría lanzado, desde la ventana de su celda, a un lugareño. Al día siguiente, este último era hallado muerto a cuchilladas, no lejos del fuerte, y de inmediato se procedía a un nuevo e inmediato traslado del prisionero.

   Ni la misma leyenda ha podido dar jamás un nombre del asesino, como así tampoco los motivos del crimen. Desafortunadamente -para la leyenda-, en la época de los hechos narrados, el Mutin aún no existía. En su lugar, había quizá alguna construcción "provisional", usada por quienes debían controlar el paso de las gentes por el valle.

 

                                                                                                    Diego Priolo

(Extraído de "L'eco del Chisone", 2 de julio de 1998)

 

fecha de revisión:   06/04/2005