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Curiosidades históricas (040)                 

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Lugares y leyendas de la zona de Pinerolo

Colle della Vaccera    (foto Sergio Giacone)

   

   La leyenda no es un documento histórico, sino un relato oral. Su versión escrita, en efecto, es tan sólo una trascripción realizada para conservar lo que una comunidad ha elaborado en respuesta a una necesidad. Lo caracterizan principalmente dos peculiaridades: la presencia de elementos fantásticos sin los cuales no podrían compensarse ciertos límites, y su estrecha vinculación con el territorio. Lo que se presenta a continuación es un recorrido-invitación para descubrir algunos de estos lugares de nuestro territorio, que tienen que ver con tal relación afectivo-cultural.

 

Valle del Chisone 

   El Castello del Lupo (esp.: castillo del lobo) de San Secondo: ya no quedan casi rastros de esta antigua mansión de los Acaja, que se erguía en la cima de una pequeña montaña, precisamente en la desembocadura del valle, a la orilla derecha del torrente. Según cuenta la leyenda, entre sus ruinas se habría alojado un misterioso forastero, con sus numerosos gatos, recogidos en sus viajes por tierras lejanas. Este personaje, por haber ayudado a un campesino a librarse de las ratas, recibió en recompensa un cordero, cuyo balidos no tardaron en atraer a un lobo, que una noche intentó llevárselo. Pero los gatos no sólo desbarataron su plan, sino que lo arrinconaron en lo alto de un peñasco, desde donde cayó, hallando la muerte. Tal como sucede en la vida cotidiana , en la denominación del lugar, su imponente figura prevaleció sobre la de los vencedores.

   Entre la abrupta Roccia Cotello y los bosques de Pra Martino vivieron, según la leyenda, el terrible bandido Barabio Cotello, también llamado Coltello (esp.: cuchillo) en razón de su especialidad, a la que asimismo recuerdan, por su aspecto morfológico, las rocas entre las se oculta su escondite, y unos misteriosos soldados que, según una tradición y el topónimo local "Camp d'arlanda", libremente interpretado, serían irlandeses. Su fortín, supuestamente ubicado en este sitio, se habría construido con palos rubados en los viñedos de San Pietro Val Lemina.

   La Capilla de San Benedetto, en el municipio de Porte, más arriba de Malanaggio, desde donde se tiene una óptima vista de los sectores medio y bajo del valle, habría sido construida allí tras el hallazgo de una calavera que sería la de San Benito. Tal hecho, documentado y relacionado con el sitio del hallazgo, tuvo cierta resonancia a fines del siglo XIX.

   Las Fuentes de Napoleone , del Moro, dell'Orso (esp.: Napoleón, Moro, Oso), que en realidad son tan sólo dos, se encuentran a lo largo de la carretera estatal, a la altura del puente que se atraviesa par ir a San Germano. Sus denominaciones recordarían la llegada y el paso de personajes importantes (Saraceno) e ilustres (Napoleone), como asimismo de animales de fuerte valor simbólico en la cultura agropastoral del pasado. Lo mismo sucede con la Fontana dell'Orsa (esp.: fuente de la osa), situada en Dubbione.

   El Puente de Annibale (esp.: Aníbal), que se encuentra a poca distancia de la iglesia parroquial de Dubbione, habría adquirido este nombre por el hecho de que Aníbal habría permanecido algún tiempo en las inmediaciones con su ejército. En realidad se trata de una construcción medieval.

   Igualmente sugestivos son los otros puentes del Río Grandubbione, a los que se llega por un sendero que nace en el puente de Annibale. En las  concavidades más profundas del río sobrevivió hasta la década del 50 "la ludria" (it.: lontra; esp.: nutria). 

   La anfractuosidad natural que fue la Gleiso di Barbet (esp.: Iglesia de los Valdenses), en el valle de Gran Dubbione durante el período de las persecuciones religiosas, se encuentra en una abrupta ladera de montaña de la orilla izquierda del río Gleisassa. Se cuenta que, a pesar de las antorchas que iluminaban el austero ambiente durante los encuentros de los fieles, éstos no podían ser avizorados desde ningún sitio. En la parte superior del valle, perviven en el recuerdo los "framassoun", que por las noches salían a asustar a los viandantes o desbarajustaban los "tomin" (esp.: quesillos) listos para ser llevados al mercado, los supuestos vestigios de minas de oro sepultadas por los derrumbes y quizá "sugeridas" de manera algo forzada por el topónimo "Minera", y antiguas ruedas de molino como "la pera del mulin" , aparentemente abandonada sin razón alguna en un pedregal a la derecha del valle, pasando Serremoretto. Tales recuerdos formaban parte de la vida diaria y de la fantasía de la densa población que aquí vivía hasta hace unos sesenta años.

   La antigua Iglesia de San Nicola o Nicolao de Perosa Argentina, que se erguía en el actual ejido de Pomaretto, fue destruida, según una tradición en parte corroborada  por la historia, a la llegada de los sarracenos hacia fines del primer milenio. Según una creencia popular, en la vigilia de la celebración de San Nicolás se oía un tañido de campana que provenía de la profundidad de la tierra, a la vez que una triste procesión de sombras de monjes salmodiantes avanzaba en proximidad del sitio en que por entonces se encontraba su iglesia.

   Las ruinas del fuerte de Bec Dauphin, que marcaba el límite entre el Piamonte y Francia, se divisan perfectamente desde la carretera, una vez traspuesto el puente del arroyo Agrevo. A través de un pasadizo subterráneo que comunicaba con otros fuertes del lugar habrían escapado dos soldados, con un rico tesoro jamás recuperado.

   Valle del Bourcet. Al igual que otros valles apartados, también éste habría sido descubierto y habitado por alguien que deseaba esconderse. En este caso se trataría de tres bandidos sarracenos que habrían hallado refugio en el lugar huyendo de las tropas del rey Arduino, de tres bandidos comunes o de tres zapateros que, huyendo de sus perseguidores, se habían puesto los zapatos al revés para hacer creer que se daban a la fuga desde aquel valle y no que estaban llegando a él. Un enigma local: el cautivante y misterioso mensaje de la "peiro eicrito" (esp.: piedra escrita), que se encuentra a orillas del sendero de mulas que conduce desde Roure hasta la parte superior del valle.

   Los doce Apóstoles. Se trata de sugestivos grupos de rocas calcáreas, modeladas cual blancos pináculos y prendidas a las herbosas laderas que suben hacia la divisoria de aguas con el Valle del Chisone y el Becco dell'Aquila (esp.: pico del águila). Constituyen una impactante escenografía a la que se llega desde los rediles de Chaulière, si se opta por la ascensión menos cansadora, o bien desde el colle (esp.: paso) delle Pertiche. Localmente se los conoce con el nombre de Bec Bianc (esp.: pico blanco) o Fra Blanc (esp.: fraile blanco), quizá en alusión a los monjes (¿dominicos?) enviados a estos lugares para recuperar a los habitantes de los valles que se habían convertido a la confesión valdense.

   Pra Catinat. La exuberancia de esta comarca, caracterizada por los prados, se debería a la abundancia de agua, tal como lo recuerda la tradición que se relaciona con el nombre originario de su fuente: el Cuerno. A tal nombre habrían dado origen los fragmentos del asta de un toro, que con ímpetu excesivo se había inclinado a beber agua en un charco rodeado de piedras. Entre las flores allí presentes destaca la Flor de la Concordia o la Mano del Buen Dios, una orchidácea cuyas semillas habrían sido traídas a este sitio por dos monjes de la Abadía de Novalesa, y a la que se atribuía el poder de reunir, gracias a su aroma, las parejas en crisis, o el de neutralizar, gracias a sus raíces en forma de mano, la acción de la Mano del Diablo. 

   Pequerel. Acerca del nombre de este peculiar pueblecito alpino, inconfundible por el histórico muro antiavalanchas que lo protege, se avanzan diferentes hipótesis, todas ellas muy sugestivas. Algunos sostienen que deriva de la Festuca Paniculata, una graminácea localmente conocida como Kéerel; otros afirman que deriva de Pin Cairel, un juglar de la Edad Media o un modesto lugareño que se habría refugiado en este pueblo con una jovencita de Fenestrelle cuyos padres se oponían a su unión. Otros dicen que el nombre de la aldea deriva de "pycarella", es decir aquel duelo que habitualmente se llevaba a cabo con espadas, pero que se practicaba con palos y acababa con la muerte de uno de los pastores.

   Monte Orsiera. Uno de los montes del reino encantado, un territorio que no debía ser violado, aunque las procesiones nocturnas indujeran a la curiosidad. La fuente Charbonella, a la vera del sendero que conduce al Colle, sería sencillamente la transformación de una muchacha que tuvo la curiosidad de descubrir el secreto de la juventud de estas criaturas fantásticas.

   Lago Chardonnet. Según el estudioso Bourlot, este lago era conocido con el nombre de lago dei Neri (o Nieri), lo cual podría significar los "osos pardos" o los numerosos hijos de una mujer de oscuras carnes (lo cual remite a la figura de la "vieja" o de la "mujer salvaje") que vivía en estos lugares. 

   Lago della Malanotte. Es una pequeña concavidad, cercana al desfiladero homónimo, que habría adquirido la forma de corazón que la caracteriza tras la trágica muerte de dos enamorados: un joven soldado del ejército piamontés al que su rival en amores habría matado y arrojado a las aguas, y la muchacha de quien se había prendado, que, al saber la terrible noticia, habría muerto de tristeza. 

   La Garitta del diavolo es el nombre popular con que se conoce el mirador que se divisa a orillas de del imponente fuerte de Fenestrelle. La sugestiva construcción, en la cima de una prominencia rocosa, habría sido llevada a término muy dificultosamente por cuanto el diablo desbarataba por las noches el trabajo realizado en el día por los hombres. Por el contrario, según otra versión, el diablo habría sido elegido como chivo expiatorio para justificar las enormes dificultades con que se topaban los constructores.

   Una leyenda relaciona el origen del sugestivo Lago del Laux con la historia de un hombre que, faltando al precepto que manda concurrir a la iglesia en días de fiesta, decide trabajar en su campo, situado en las proximidades de este lago. Según otra versión, el lago sería el castigo recibido por un campesino que, pese a las súplicas de su mujer, había seguido trabajando, desafiando al Cielo. Observando la concavidad de la Rocca del Lago, concluye el relato, aún hoy se puede ver en el fondo el arado usado por el soberbio campesino y la cuna de su hijo más pequeño, a quien la tierra del campo, al hundirse, se había llevado consigo, con toda la familia. 

   El Monte Albergian es indudablemente uno de los lugares más legendarios del valle. Se decía, por ejemplo, que en sus grutas se ocultaban increíbles tesoros, custodiados por horribles dragones que tan sólo en Noche Buena, al momento de la Elevación, perdían, momentáneamente, su poder. Quizá más relacionada con esta historia esté la tragedia que habría acaecido en una noche de Navidad (en 1400 o 1440) o, más verosímilmente, en período de cuaresma, cuando un grupo de valdenses, principalmente constituido por mujeres y niños que huyendo de las persecuciones religiosas buscaban refugio en esta montaña, para luego ganar el valle de San Margino, habrían muerto a causa del cansancio y el frío. 

   En la ladera opuesta, más arriba de Pian dell'Alpe, a 2600 metros de altura, se encuentra el Colle della Vecchia (esp.: paso de la vieja), cuyo nombre recuerda, según la leyenda, otra relevante figura femenina del folklore alpino, plasmada en este sitio por un peñasco que se yergue, aislado, a orillas del sendero. Se trataría de una anciana a la que los relatos evocan por haber dado maternal cobijo, bajo su manto negro, a dos jóvenes pastores que se habían perdido buscando uno de los cabritos de su rebaño.

   La leyenda de los Tamburi dell'Assietta (esp.: tambores de la Assietta) se basa en el trágico fin de un grupo de soldados franceses, mientras subían hacia la cima de la Assietta, donde se encontraban atrincheradas las tropas del ejército piamontés. De la explosión de la mina sólo salió con vida el comandante, cuyo regreso al sitio de los hechos, muchos años más tarde, trajo la paz a los espectros de las víctimas, haciendo que cesara el sordo redoblar de los tambores que habían acompañado el avance hacia el ataque.

   El relato permite asimismo comprender lo que significaba antiguamente el trabajo en las minas, reino de la oscuridad  e incertidumbre. En el Colle del Beth, por ejemplo, podía suceder que de alguna anfractuosidad de la montaña surgiera inesperadamente una hermosa hechicera que, con la cabeza coronada por una guirnalda de rododendros, invitaba a penetrar en su reino. Entre sus víctimas se cuenta de cierto conde, llamado Trucchietti, cuyo regreso aguarda desde entonces su ministril, hombre sin edad, delante de una gruta próxima al desfiladero, invitando al transeúnte a no detenerse, a seguir adelante con la ayuda de Dios. 

   Otras leyendas hablan de tesoros increíbles que se ocultan en estos lugares, como la fuente a orillas del Lago Majour, de la que manan gotas de oro… Invariablemente, en todos los casos, hay un hada terrible que vigila. 

Diego Priolo                                    

(Extraído de: "L'eco del Chisone", Nº 49 y 51, diciembre de 2004)

data revisione:   28/12/2005