vecchio Piemonte

Curiosidades históricas (013)                 

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Lince

Lince (lynx lynx) (imagen extraída del sitio www.parconaturaviva.it)  

   

   Oficialmente, el lince todavía no ha confirmado "personalmente" su regreso a los valles de las comarcas de Pinerolo, pero ciertas presuntas huellas sospechosas, algunas apariciones furtivas al anochecer y algunas fugas de corzuelas (una de sus presas preferidas) parecerían estar ya anunciando en voz baja su reaparición.

   El lince estaría regresando (de Suiza), al cabo de menos de un siglo, a un territorio donde, según cuenta al menos la leyenda, se lo conocía bastante bien, pero más se lo temía, y del que se guarda aún hoy el recuerdo. Fue, conjuntamente con el lobo, una de las materializaciones del peligro y del miedo que, en ciertos aspectos, presentan matices aún peores que los correspondientes al segundo predador.

   Su índole elusiva, su predilección por las horas nocturnas y la acción individual (comportamiento visto como signo de fuerza y agresividad), su carácter felino (ya sospechoso en el gato y en este caso, reforzado por sus proporciones: un peso de hasta 25 kg. , una altura de 60 a 70 cm. hasta la cruz y una longitud de hasta 120 cm.), la falta de antagonistas que puedan competir con él en la búsqueda de alimentos, y un conocimiento algo aproximativo del animal en los periódicos del pasado (en los que, por ejemplo, "nunca" se habla de matanzas de linces, quizá por estar ya contempladas en las de los lobos), contribuyeron en modo determinante a la creación de la imagen deformada que de él se nos ha transmitido. 

   Su terrible fama no fue impedimento para que el lince, más comúnmente conocido como lobo cerval, lobo atigrado, gato montés..., fuera elegido, en 1603, para emblema de la más importante asociación científica de Italia: la Accademia dei Lincei. Su mayor virtud es su "proverbial" agudeza visual. 

   Entre las zonas en que mejor se ha conservado su recuerdo destaca la de Torre Pellice, donde para convencer a los niños de que no salieran de casa por la noche, la mejor amenaza, usada en los relatos populares, era la de Lou Chaloun (término local probablemente derivado de "loup chaloun"). Efectivamente, se contaba que al atardecer, el animal bajaba de las anfractuosidades del Monte Vandalino para atacar a quienes se aventuraran en su camino.

   Únicamente aquellas personas que resultaran ser más altas que su cuerpo extendido y con las patas anteriores puestas sobre los hombros de la víctima potencial, podían salvarse de un fin horrible. Este curioso sistema de medición se repite en todas las leyendas locales protagonizadas por el lince, y muy especialmente en las historias ambientadas en el alto valle de Angrogna, en la Vaccera y en el Valle Germanasca. 

   Así, por ejemplo, se cuenta que en la primera de las mencionadas localidades, dos aldeanos, después de recoger heno durante todo el día y sintiéndose cansados, deciden echarse un sueño en el mismo lugar donde acaban de trabajar: uno sobre un montón de heno y el otro, en el suelo. Acababa de adormecerse este último cuando un lince se le acerca y se echa a su lado para medirlo. No obstante, tras comprobar que el hombre no entraba dentro de sus parámetros de presa, el animal se alejó. El compañero, que había presenciado la escena sin intervenir, por temor a irritar al lince, despertó a su amigo, le contó de la peligrosa situación de la que se había salvado, y ambos corrieron en busca de refugio hasta una cabaña, pero hallaron la puerta acerrojada.

   En los valles Germanasca y Chisone, al lince, al que se conoce localmente como Loup Cervier (esp.: lobo cerval) por su predilección por los cérvidos, más se le vio a través del imaginario colectivo que a través de la experiencia derivada de un encuentro con el animal (avistamientos, cacerías, etc.).

   Un hecho análogo al que acaba de referirse sucedió a dos hombres de Campo la Salsa, en el Valle de Massello. En este caso, lo que conjuró el triste fin que tendrían los aldeanos fue la presencia de un pájaro extraordinario y un zorro, el cual acabó despedazado por los dos linces que no habían hallado otras presas aquella noche. Ambas leyendas, referidas por M. Bonnet, aún son recordadas por algunos lugareños, pero en una representación mental del animal más próxima a la del lobo. 

   Según investigaciones realizadas por el Prof. Toni Mingozzi, el Valle Pellice habría sido efectivamente uno de los últimos refugios en que se guareció el lince hasta comienzos del siglo XX. No obstante, corrió la voz, jamás confirmada como tampoco desmentida, de que en los primeros años de la década del 60, un espécimen habría sido muerto en el valle de Massello, más precisamente en el Colle delle Fontane, entre la localidad homónima y Salsa.

                                                                                                          Diego Priolo

(Extraído de "L'eco del Chisone" del 24 de septiembre de 1998)

fecha de revisión:    06/04/2005