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Curiosidades históricas (002)

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El lobo en nuestros valles, entre historia y leyenda

   Después de casi un siglo, el lobo ha vuelto a poblar el arco alpino occidental: regreso deseado por algunos y temido por otros. Comoquiera que sea, se trata de un retorno espontáneo (o sea no favorecido por medios de transporte ni paracaídas, como dice obstinadamente algun cuento al que desafortunadamente no falta quien le preste oído), a un territorio en que hasta entonces se había visto al lobo entre los otros especímenes de la fauna estable.

   La última matanza, comprobada (1) en su momento, de un lobo, en la zona de Pinerolo y quizá en toda la provincia de Turín, se llevó a cabo en la noche del 4 de octubre de 1905, un sábado más precisamente, en el Colle Parabue, aguas arriba de la aldea de Talucco, y fue casual e inesperada. El matador, un lugareño llamado Cucetto Giuseppe, había llegado a la zona para cazar zorros y su disparo contra el animal fue prácticamente un acto de instintiva defensa. Posteriormente, temiendo haber matado al perro de un pastor de Frossasco que solía llevar su ganado a pastorear por allí, se alejó del lugar para evitar discusiones. Poco después, otro aldeano, llamado Bianciotto, mientras instalaba trampas para tordos, encontró al lobo muerto y pronto bajó al pueblo a contar lo sucedido. Se dice sin embargo que en un primer momento se encontró con el "afortunado" cazador, el cual no salía del estado de impresión causado por la aventura. Algunos días después, a raiz de tal hecho, Cucetto recibió del Consorcio Agrario de Pinerolo el premio instituido para aquel que matara animales dañinos, pero lo que más lo gratificó fue la fama que no dejó de acompañarlo a lo largo de la vida, y el hecho de que su hazaña alcanzó tal resonancia que pronto se convirtió en objeto de reelaboración, hasta llegar a ser una leyenda popular, acervo de toda la comunidad del alto valle Lemina.

   Así pues, partiendo del recuerdo legendario del hecho que me refirieron hace unos veinte años Remigio y Giuseppe Brun de los Dairin Superiori, me fue posible reconstruir lo acaecido, de lo cual posteriormente hallé confirmaciones, como la del extenso relato oficial aparecido en el semanario La Lanterna Pinerolese del 21 de octubre de 1905. En efecto, la leyenda se limitó a dar color y sentimiento a la crónica de caza, como lo demuestran la elección de los proyectiles utilizados, las "tachuelas", aquellos pequeños clavos usados antiguamente por los zapateros para sujetar el cuero de los zuecos de madera, o la exhibición, ante la admiración general, del animal muerto, colgado de un "poumé" (esp.: manzano), en las inmediaciones de la iglesia.

   Con anterioridad a la hazaña de Talucco, sabemos por los periódicos (invariablemente en crónicas con gran relieve) de matanzas de lobos, principalmente en el trecho inferior del Valle del Chisone, todas ellas concentradas en los últimos veinte años.

   Así por ejemplo, el especimen matado el 20 de septiembre de 1893 por Antonio Prinzio, de dieciocho años de edad, y su amigo Giustetto, fue entregado al teniente Agnelli, quien mandó lo transportaran hasta su castillo, donde fue expuesto ante los ojos de los curiosos de Villar Perosa y San Germano (La Lanterna del Pinerolese, 23.09.1893). En septiembre de 1897, en la misma comuna de Villar Perosa, en la zona de Pramarin, mataban otro lobo -mientras un tercero lograba huir- Battista Prinzio, Francesco Bruno y Felice Damiani, a quienes la Prefectura de Pinerolo les otorgó una recompensa. Al considerar el valor informativo contenido en la leyenda popular, encontramos asimismo confirmación de la abundante presencia de lobos en la zona en los numerosos relatos del Vallone del Risagliardo y en el territorio comprendido entre Prarostino, Inverso Porte y San Germano, recopilados y publicados por Clara Bounous, y en los que aparecen lobos entre los protagonistas.

   La existencia, en siglo XIX, de una cantidad significativa de este predador en nuestra zona se encuentra documentada asimismo en los edictos que la misma ciudad de Pinerolo debió promulgar para enfrentar el problema. Así por ejemplo, en una ordenanza prefectoral de 1816, emitida por el Intendente de Su Majestad de la ciudad y provincia de Pinerolo, se instituían premios a la captura de lobos, a la vez que el alcalde de la época, a través de manifiestos, llamaba a la gente a participar en las cacerías. Tampoco los llanos se salvaban de las correrías de los lobos, y así lo recuerdan un documento de la época relacionado con la localidad de Piscina y la captura de un especimen en los bosques de Stupinigi en 1834 (fuente: Riccardo Brunetti, Riv. Piem. St. Nat. 5/84).

   Si se descarta la versión -jamás confirmada- según la cual entre Roure y Pragelato se habría capturado un lobo a fines de los años veinte o comienzos de los treinta, este animal debió de extinguirse en la primera mitad del siglo XIX. Tal "anhelada" extinción no sólo ponía un término a la lucha entre hombre y lobo por el sustento y los recursos alimentarios, sino también a un real sentimiento de inseguridad personal, tal como se transmitió en Bërgje, en las cercanías de Gran Faetto, en la comuna de Roure, donde por la noche se cerraban las puertas de la aldea para impedir que se acercara el animal. Lo mismo sucedía río más abajo, en el caserío Chargeoir, donde se colocaba en "la Puerta" una suerte de mazo que, al accionarse por las noches mediante las aguas del río Bourcet, producía unos golpes tan sonoros al caer sobre un tronco vacío, que ahuyentaban a los lobos que bajaban por el valle (fuente: U. Piton).

   Y ¿qué decir de las pormenorizadas crónicas referidas por el sacerdote Michele Mensa en su investigación histórica sobre Pragelato (editata por Alzani)? En ellas se habla (p. 229) de quince niños, todos menores de quince años, a los que los lobos, en 1710, dieron muerte en un solo año (el hecho de que se les empleara desde la más tierna infancia para cuidar el ganado en los campos de pastoreo los exponía considerablemente al peligro), y de otras víctimas más, por lo general jóvenes, en Fraisse, Villaretto, Meano, Balma, Mentoulles, Villardamond y Allevé [en el territorio de estos dos últimos caseríos, el lobos habría sido visto hasta 1840 (p. 310)]. Escribe además el mismo Mensa que los ancianos de Traverse, de alguna manera, estaban acostumbrados a la presencia de los lobos que a causa de las nevadas primaverales bajaban al valle y aullaban en las "Furnasse", del otro lado del Chisone, en frente de su aldea, y hablando de ellos, los designaban con la palabra "musierurs" (esp.: señores osos).

   Como es natural, la voracidad del lobo, de por sí proporcional a la escasez general de alimentos, se veía asimismo potenciada por la evocación de su figura mítica y simbólica (en ciertas culturas el lobo alcanza incluso proporciones cosmogónicas totalizadoras y primarias), reforzada y magnificada en períodos de penurias y hambruna. Si, como es indudable, su capacidad predatoria es grande y fuerte, grande era también el efecto que producían sus aullidos, especialmente de noche, cuando la oscuridad acrecienta los miedos y desplaza los límites del conocimiento. Entre las varias creencias heredadas de aquellas culturas que de algún modo fueron relacionadas con el lobo, la que siempre ha gozado de crédito y poder sugestivo y de adaptación es la licantropía, es decir la posibilidad de que un hombre, tras haber sido encantado y haberse vestido con la piel del animal, pueda convertirse en lobo. 

   Famoso era el "loup butunà" (esp.: lobo abotonado), que se escondía en una caverna del alto valle de Grandubbione, impidiendo así a los pastores que allí resguardaran sus rebaños, y se salvaba siempre de los proyectiles que le disparaban para desemboscarlo, precisamente porque podía cambiar de piel... desabotonando la que las balas habían perforado.

   Otro ameno relato relacionado con el tema, confiado a las páginas de La Lanterna Pinerolese del 18 de abril de 1925 por Batistin de Lapé, pseudónimo del secretario municipal de Pragelato e investigador de tradicones del alto Valle del Chisone, Giovanni Battista Guigas, tiene por protagonista al dueño de una fonda que a comienzos del siglo XIX existía en Pragelato, en la calle de l'Oche, y tenía un peculiar letrero numérico: "0 20 100 0", que, leído en francés, era una buena promoción para el lugar. Al día siguiente de una noche de abundante libación y tras leer la égloga virgiliana en que se habla de transformaciones de individuos en lobos, dicho fondero despierta de repente y como no recuerda haberse tapado con un abrigo de piel de cordero negro, cree que se ha convertido en un "loup garou" (esp.: lobizón) y echa a correr a los gritos por la calle, donde lo alcanza un joven sobrino, devolviéndolo a la cordura y a la razón. En el Valle Germanasca, en los más cercanos valles de Faetto y Riclaretto, en la parte inferior del valle, como también en los territorios limítrofes igualmente caracterizados por la presencia de estos animales, los relatos (los de Carlo Ferrero en primer lugar) y la toponimia popular son los principales agentes de transmisión de la legendaria existencia de los lobos.

   En los últimos años, según la consistente información acerca de avistamientos de esta especie animal, ya habrían nacido algunos lobeznos en el parque natural del Bosque de Salbertrand, e incluso una pequeña manada compuesta de tres ejemplares fue filmada en dos ocasiones, en 1998, por el joven Stefano Polliotto, aficionado de video, en una zona del alto valle del Chisone, próxima a la divisoria de aguas con el Valle de Susa. Por último, más recientemente, en febrero de 1999, y conforme consta en una nota publicada en el periódico Eco del Chisone, se habrían avistado dos especímenes en el Valle de Agrogna. Dado que el dominio de este animal suele extenderse en un territorio bastante vasto, no se excluye la posibilidad de que se tratara siempre de los mismos lobos.

   En cada uno de los casos, resulta significativo que con el regreso de este predador se haya mobilizado nuevamente todo un mundo de parcialidad informativa, miedos y lugares comunes sobre el lobo, por cierto actualizados en la contextualización, en el léxico y en las motivaciones de la utilización que siempre acompaña la relación existente entre el hombre y el lobo, lo cual pone por decir así de manifiesto que la aceptación del predador natural aún está lejos de producirse en nuestras mentalidades, y sobre todo que tal aceptación no está exenta de modelos mentales reductivos y "da banale buonismo". 

   La imagen del lobo que por todos los medios busca devorar al cordero sigue impregnando considerablemente el juicio de fondo, y la imagen del lobo amansado por San Francisco resulta quizá demasiado hagiográfica para contrarrestar los efectos..., sin hablar, finalmente, de la ambigua relación de Caperucita Roja y su acozador... El lobo es y seguirá siendo un predador pues tal es su función en el contexto ambiental que lo ha previsto como uno de sus elementos dinámicos, y a partir de tal premisa es pues necesario construir una convivencia posible. Como predador, el lobo puede "efectivamente" tener incidencia en los criaderos de ganado y en los animales trashumantes (los indemnizaciones por parte de los organismos provinciales encargados de la tarea son una confirmación de ello), pero su potencialidad predatoria, según aconsejan los expertos, debería acotarse y controlarse, dotando, por ejemplo, a los que se dedican a la silvicultura y las actividades pastorales de perros pastores, de ciertas razas particulares, que cuidarían de los animales en los campos de pastoreo, de tipos especiales de cercado del terreno, y proponiendo asimismo nuevas orientaciones para la administración de los campos de trashumancia.

   Los propios expertos aseveran además que las jaurías de perros vagabundos ("vueltos al estado salvaje"), al no renocer ya inequívocamente códigos comportamentales adquiridos, pueden llegar a ser mucho más peligrosos que el lobo para el patrimonio de la fauna y los criaderos de ganado, tal como resalta un artículo del Eco del Chisone (abril de 1999), referido a treinta y seis ovejas muertas por perros vagabundos en el municipio de Revello. Pero de estas criaturas desesperadas, víctimas del egoismo e irresponsabilidad humana, se prefiere no hablar mucho. Además, de noche, los perros salvajes no suelen aullar...

 

(1) En febrero de 1907, efectivamente, un tal Masoero, ayudado por otros aldeanos, dio muerte a un lobo, a palos y golpes de tridente, en las inmediaciones de la finca Valori, en la zona de San Michele di Bricherasio. A instancia del propio alcalde, el cuerpo del animal fue llevado a la Subprefectura de Pinerolo, donde se podría así cobrar la recompensa (fijada por entonces en ochenta liras), pero no queda totalmente claro que el hecho sucediera realmente. Además, el veterinario encargado del examen declaró que "no se trataba en efecto de un lobo en estado salvaje, sino más bien de un lobo que, quizá cansado de vivir relegado de la sociedad civil..., habría dicho adiós a la férrea jaula de alguna exhibición de fieras..."
En el mismo artículo se hacía asimismo referencia a otro lobo que había sido muerto en la zona unos meses atrás. Sin embargo, hasta el día de hoy, no se han hallado confirmaciones de este caso en las crónicas periodísticas de la época.


                                                                                                       Diego Priolo 


(Artículo de Diego priolo, extraído de "La Valado", nº 4, diciembre de 1999 - dibujo de Tiziana Rajmondo)

A quienes deseen ahondar en el tema aconsejamos los "especiales":
"el aullido del lobo / el retorno del predador" y "nunca grites a un lobo / la convivencia posible" del mensual Piemonte Parchi - Regione Piemonte (Cascina Le Vallere, Corso Trieste 98, 100024. Moncalieri, Torino) 
"Non gridare al lupo" (esp.:No le grites al lobo), del Servizio Tutela della Fauna e della Flora, della Provincia di Torino, Via Lagrange 2.
En los relatos locales sobre el lobo se han hecho referencias a Leggende e tradizioni del Pinerolese, de D. Priolo y G.V. Avondo, C.D.A. Torino, 1998.

fecha de revisión:    06/04/2005