vecchio Piemonte

Curiosidades históricas (016)                 

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Navidad

 

Caravaggio - Nuestra Señora del alumbramiento o Adoración de los Pastores - 1609 (elaboración gráfica de Sergio Giacone)

 

Navidad en las antiguas tradiciones de Pinerolo

   
   En 1900, la Tipografia Sociale Editrice de Pinerolo publicaba un opúsculo del Prof. Filippo Seves, en el que se presentaban algunas notas "folklóricas" referentes a "Natale e Capo d'Anno" (esp.: Navidad y fin de año) en nuestros valles. Si bien se trataba de una modesta publicación, un extracto, por decir así, de las investigaciones realizadas por el autor en nuestro terruño, tal obra logra sin embargo dar un perfil de lo que podían ser la atmósfera y el contexto en se vivían estas dos festividades, y permite asimismo al lector comprender cuán lejos se encuentra, desde el punto de vista emotivo, relacional y cultural, de aquellos tiempos.

   En los sectores medio y alto del Valle del Chisone, uno de los momentos culminantes de Navidad era la participación en la misa de gallo: momento de intensa congregación popular a la que ni siquiera faltaban los fieles de los caseríos más apartados, los cuales, para no perderse el encuentro, solían caminar durante horas, con sus pequeños farolitos, por senderos cubiertos de escarcha y resbaladizos.

   Sin embargo, aquella era una noche única, y en ella se podían incluso encontrar auspicios y pronósticos especialmente válidos para los trabajos campestres. Así, por ejemplo, la presencia de la luna no era considerada buena señal, pero tal consideración desfavorable se mitigaba si la luna se encontraba en cuarto creciente, pues ello favorecería el desarrollo de hortalizas y pastos para todo el año. En la comarca de Pragelato, durante la misa de gallo, los jóvenes tenían por costumbre arrojar, desde el sitio que ocupaban, piedritas y frutos de arce sobre las "tocas" (cofias forradas con cartón) de las muchachas, y mucho se divertían al ver el disgusto de sus víctimas.

   Después de misa, a los ateridos fieles les aguardaba, en el establo, el "arsinon", es decir una comida más rica y variada que de costumbre (patatas hervidas con salchichas, o lo preferido por los ancianos: café con leche con pan blanco o grisines para sopar), que era preparado por quien no hubiera podido asistir a misa. 

   Los jóvenes, por el contrario, acababan la noche en las fondas. Según Seves, en estos lugares, Navidad no se vivía con el mismo júbilo que en otros sitios. Ello no sólo se debía a la inclemencia del invierno o la incomodidad de los desplazamientos, sino sobre todo a la fuerte emigración que, incluso para las fiestas de fin de año, retenía en el extranjero a muchos padres de familia y muchas jovencitas.

   El Niño Dios (por entonces no se hablaba de Papá Noel) no llevaba regalos a los niños, y quizá estos tampoco soñaban con ellos. Fin de año, por el contrario, era una fiesta más alegre, especialmente para los jóvenes, una anticipación -de alguna manera- de la libertad concedida por el carnaval. Amigos y parientes se hacían visitas y en sus casas siempre había mesas aprontadas, durante todo el día, con vino, pan, embutido, queso, mantequilla y tocino. En la comarca de Pragelato, esta era además la ocasión de saborear la "caglietta", mezcla de harina, huevos, pan y leche.

   Como es natural imaginar, al finalizar el día, ya se había perdido la cuenta de las copitas de licor ("brande") que se habían bebido. Por la mañana temprano, los niños iban a casa de sus padrinos a desearles "l bun an" (esp.: feliz año nuevo) y después de desayunar con ellos, se solía despedirles regalándoles un pan blanco, preparado para tal ocasión, y una copita de menta helada. Después de realizar estas visitas, los niños en edad escolar del alto valle del Chisone acostumbraban ir a casa del maestro para regalarle, además de alguna botella de licor y golosinas, una escarapela que el docente se ponía en el ojal izquierdo de su chaleco para luego acompañar a los niños a la misa mayor.

   Otra costumbre de los llanos y valles era la de intercambiar deseos obsequiando regalos, no sin antes preguntar indefectiblemente si se había comenzado bien el año. Tales regalos consistían en frutas, principalmente nueces, avellanas y miel. También el día de fin de año era considerado una fiesta importante y llena de buenos auspicios. No era buena señal, por ejemplo, que el primer individuo visto en el día fuera un sacerdote o una mujer. Si se deseaba tener un año sereno y sin problemas, había que vivir el primer día del año del mismo modo.

   En el alto valle del Chisone, a las muchachas no les gustaba salir de casa el primer día del año por temor a que la primera persona con quien se encontrasen fuera una mujer, lo cual significaría pocas posibilidades de casarse en el transcurso del año. No obstante, podían volver a intentarlo para Reyes. Esta anticipación del destino también podía conocerse arrojando, en ayunas, una baldosa contra la puerta de la casa. Si al caer, una de sus puntas quedaba en dirección de la puerta, las posibilidades de casamiento en el año eran muy elevadas. 

                                                                                                       Diego Priolo  

 

(Extraído de "L'eco del Chisone", Nº 50, diciembre de 1997)

fecha de revisión:   06/04/2005