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Curiosidades históricas (003)

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El oso en la cultura y en la tradición del territorio de Pinerolo

LA PIEDRA DEL OSO
Mucho más allá de los Prati dell'Orso, hacia la montaña, precisamente en el lugar en que el valle de Rodoretto se bifurca en el Eicafa, he descubierto esta piedra, que presenta alguna semejanza con el animal. ¿Casualidad, curiosidad o...?

   Un proverbio de nuestro valle, de previsión meteorológica para el primer día de febrero, reza: "se l'ouers fai secha soun ni, per caranto giouern a sort papì" (transcripto según la grafía adoptada por el Prof. Teofilo Pons), lo cual significa que si el oso pone a secar su cucha, metáfora del buen tiempo en tal día, ya no sale por cuarenta días, a causa del regreso del frío. Tal como lo manifiesta el preciso ritmo temporal, estamos en presencia de un día especial, uno de los indicadores más respetados según la meteorología popular, y caracterizado por un mensaje simple e inmediato, con contenidos familiares pero bien específicos.

Y precisamente en la elección de tales contenidos de referencia, y específicamente en este caso, el del oso (probablemente se trate del Ursus Arctos, mamífero comúnmente llamado oso pardo, que puede llegar a pesar doscientos cincuenta kilos y superar los dos metros de longitud), podemos hallar un indicio de familiaridad del animal en el pasado local. Familiaridad, podría decirse, adquirida a través de un conocimiento experimentado, por cierto ni cotidiano, ni importante al punto de convertirse en objeto de elaboraciones fantásticas. Corroboran además su existencia la toponimia oficial y aquella otra toponimia que sólo es reconocida por la comunidad que la ha creado. De acuerdo a tales fuentes de información, el animal estaba presente en todos los valles de la comarca de Pinerolo, especialmente en los sectores del valle medio y alto valle.

Por ejemplo, son testimonios de su presencia en el Valle del Chisone:

  L'Orsiera, una de las montañas más significativas.

  Serre l'Ours, entre Ville Cloze y Fond du fau.

  La Tana dl'ours (Monte Pelvo, arriba del Forte di Serre Marie). Este topónimo, según se lee en la "Storia di
  Fenestrelle dell'Alta Val Chisone" de G. Bourlot, haría referencia a una antigua cueva muy profunda, que
  habría recibido este nombre por la abundante presencia de plantígrados en la zona. En 1693, la cueva habrí
  sido visitada por ciertos oficiales de Catinat, quienes habrían encontrado fósiles de animales y huellas de
  presuntos asentamientos humanos. Desde hace tiempo, el acceso a la cueva se encuentra obstruido, a
  pocos    metros de su boca, por sucesivos desmoronamientos y deslizamientos del terreno.

  Monte Serra dell'Orso, a 2098 m., cresta montañosa poblada de árboles que se desprende de la divisoria
  aguas en las proximidades del paso del Gran Serin, y baja luego por el Valle de Susa, entre los valles   
  dell'Inferno y de Comba Scura.

  El lago Chardonnet, también llamado antiguamente lago Nero (esp.: lago negro) por la presencia de osos
  pardos en la zona (fuente: el historiador Giuseppe Bourlot).

  El Passo dell'Orso (ca. 2830 m.) en la divisoria de aguas entre el Valle del Chisone y el Valle Germanasca, a
  menudo ignorado en los mapas, antiguamente usato como variante del paso de Cristove (o de Cristofu). (Fuente:
  E. Ferreri).

  Otro Passo dell'Orso, que tampoco se consigna en los mapas. A aproximadamente 1630 m. de altura, en las
  inmediaciones del paso denominado Colle Buffa (folio IGM de Perosa)

  Coumbursiera, muy probablemente derivado de Comba Oursiera (caserío de Villar Perosa, situado a poca
  distancia de San Benedetto, punto elevado que domina el Malanaggio). Se trata quizá de una referencia
  toponímica al animal situado en la parte inferior del valle.

   Actualmente, en el Valle Germanasca, los mapas sólo consignan las Miande dei Nido dell'Orso (arriba del caserío Indritti), y algunas otras, como los Prati dell'Orso (esp.: prados del oso), ubicados en el valle de Rodoretto. Sin embargo, en la zona de Crosetto, por ejemplo, hasta los años cuarenta, todavía figuraban dos lugares cuyos nombres se relacionaban con el del animal. Otros tantos aparecían en la zona alta entre Pomaretto, Bovile y San Martino, y la lista se extendería aún más si contáramos con la ayuda de algún anciano de los valles. Un papel determinante en esta pérdida lo desempeña, como es natural, el alejamiento del animal en el tiempo, y no sólo en su aspecto "físico", sino muy especialmente en la mentalidad de la gente. Se trata pues de una pérdida de valor cognitivo y de referencia cultural, y por tanto sustituida en la toponimia local por denominaciones más acordes a las nuevas necesidades.

   En lo referente a la época de su desaparición en nuestros valles, no se cuenta con datos precisos. Si nos atenemos a la información proporcionada por los textos concernientes a los valles limítrofes, podemos suponer que su ausencia definitiva se remonta a comienzos del siglo XIX. En efecto, se dice que el año 1820 fue el de la muerte del último especimen a mano del hombre: un macho en la localidad Monfol (municipio de Exilles), en un sector boscoso en la ladera valsegusina de la Assietta. Luigi Des Ambois, nativo de Oulx, ministro del rey Carlos Alberto y a la sazón presidente del senado, consideraba que los osos, lobos y linces aún eran frecuentes en aquella época y especialmente en el trecho del valle en que él vivía. Al parecer, en el siglo anterior, los lobos, y a veces también los osos, ocasionaban problemas a los viajeros que transitaban por el paso del Moncenisio, mientras que en los pasos de nuestros valles no se consignaron nunca tales preocupaciones. Se daba caza al lobo no por su carácter de predador -sus acciones, a este respecto, no eran de tanta magnitud-, sino más bien por su piel y su carne. No sabemos si en los últimos siglos en que el lobo habitó nuestros valles, aún se consumía su carne, aunque más no fuera, dada la rarefacción de la especie, en modo esporádico. Por el contrario, en algunas localidades de las montañas del Canavese, tal "tradición" se conservó, al parecer, hasta hace unos cien años y su muerte se debió tan sólo a la "desaparición" de quienes comerciaban con la mercancía.

   Según se lee en la Pineroliensia del Prof. Albino Caffaro, en el siglo XV, cuando se mataba un oso, una gamuza o una corzuela, al alcalde y al oficial de Porte, quienes a su vez dependían de las autoridades de Pinerolo, les correspondía un cuarto del animal, pero tal donación no debía de ser muy frecuente por cuanto estas presas ya eran escasas. En la primera mitad del siglo XVIII el cura párroco del Bourcet era el sacerdote Antonio Ollin, y éste, además de ser un buen pastor de almas, era renombrado por su destreza en las artes de la caza. Se cuenta que un día uno de sus feligreses fue a comunicarle que un oso estaba rondando la zona, y que entonces, el prelado empuñó la escopeta y echó a andar siguiendo las huellas del animal. Tras hacerlo salir de su escondite, le apuntó y luego disparó, pero... no dio en el blanco (según otra versión, su escopeta no estaba cargada). El oso, fastidiado por el excesivo empeño con que se le perseguía, se volvió repentinamente hacia el acozador, quien, para salvarse, no tuvo más remedio que treparse al árbol más próximo. Allí permaneció hasta que sus feligreses, al no verlo llegar para el oficio religioso, fueron en su busca y ahuyentaron al lobo, que seguía aguardando al pie del árbol. En las páginas de La Valaddo, Carlos Ferrero, uno de los narradores por excelencia del Valle Germanasca, cuenta otro hecho, en cierto modo análogo al anterior, cuyo escenario fue el Crosetto, su pueblo natal. El Tío Bartolomeo, montañés de alta talla que vivía allí, solo, desde comienzos del siglo XIX, acostumbraba ayudar a las familias del pueblo. Finalizados sus trabajos, se concedía a sí mismo el permiso para apostarse con su escopeta de pedernal en los alrededores de Serre dell'Aguglia, donde solían acercarse los osos a comer cebada. Además, tal presa podía asegurarle provisión de carne para todo el invierno. Aquel día, sin embargo, su escopeta no dio en el blanco y el animal, herido por roce, lo obligó a resguardarse en la copa de un alerce, en un sitio cercano a la Gran Brouo. El animal, como no podía subirse por el tronco, comenzó a cavar la tierra al pie del árbol y, con la esperanza de hacerlo caer, echó a cortar las raíces que lo sujetaban al suelo. Entonces, el hombre, comprendiendo que debía hacer algo antes de que fuera demasiado tarde, se quitó la camisa, la rellenó con pequeñas ramas y la arrojó a la parte más abrupta de la Gran Brouo. El oso creyó que se trataba del hombre y de inmediato salió a buscarlo, hasta el fondo del valle, con lo cual permitió a su prisionero que regresara tranquilo a casa.

   En el Valle de Angrogna, antes de llegar a Pra del Torno, del Pont del Barfé hacia abajo, tres ollas del lecho del río evocan, con sus respectivas denominaciones, reveladores momentos de la historia del valle. La de "Le toumpi de l'Oursa" podría parecer la menos interesante en este aspecto, pero en su referencia al animal y en la especificación que allí se hace de la hembra, además de una remembranza del lobo, podrían asimismo encontrarse recuerdos, cronológicamente más lejanos, de posibles cultos o adscripciones de valores (culturales y religiosos) a la osa, relacionada -según afirman algunos estudiosos- a la diosa céltica Artio o según otros, a los cultos oficiados en honor a la diosa Madre. A este respecto, cuenta la leyenda que un campesino poseía un exuberante manzano que había crecido inclinado hacia el vacío, por sobre esta olla del Angrogna. A pesar de ello, cierta osa alcanzaba a treparse con facilidad hasta las ramas más altas, donde hacía sus comilonas de frutos. El hombre, que no sabía cómo remediar la cosa, decidió hacer con un hacha una hendidura al árbol, y allí, escondido, esperó a que llegara su indeseada visitante, la cual llegó avanzada ya la noche. Como solía hacerlo desde siempre, la loba se subió al tronco del árbol, pero éste ya no pudo soportar su peso e inmediatamente se partió, haciendo caer al animal a la olla del río, donde encontró la muerte. 

   En 1907, según refieren los periódicos de la época, en los cerros de Porte se llevó a cabo una anacrónica cacería de osos. No se trató de una nota periodística de relleno para atraer la atención de lectores quizá cansados de demasiadas noticias menos felices, sino de un hecho verídico, al menos en cuanto a organización y realización. El señor Pavia, pretor de Pinerolo, se había visto en la obligación de adoptar medidas, por cuanto varias personas habían señalado la presencia del lobo en los bosques de San Benedetto. No obstante, la cacería resultó un fracaso y del animal fugitivo nunca más se supo nada. 

   Por aquellos años y aún en las décadas sucesivas, en días de carnaval, un hombre disfrazado de oso, arrastrado con una cadena (o una cuerda) por las calles de Mentoulles, al tiempo que se burlaban de él y lo apaleaban, hacía una nueva propuesta de la antigua tradición que, a través de tal rito alegórico, el retorno de la luz y de la primavera, con la derrota (encadenamiento) de las fuerzas de las tinieblas y del frío. La elección del protagonista y el contexto territorial del valle, con sus topónimos referidos al animal, son uno de los más significativos testimonios de la presencia del lobo y de su consistencia cultural en el valle. En el desarrollo de este rito había una indudable reminiscencia de la simbología estructurada en torno a la entidad del lobo, en el que se veía la encarnación de la fuerza primitiva de la naturaleza (poderío del animal), de la fuerza misteriosa de ésta (su caracter elusivo, su andar letárgico, que era visto como un morir y un renacer), y de las fuerzas de la destrucción, debido a los efectos económicos que producían sus acciones en los cultivos y rebaños de cabras y ovejas.

   Una tradición que, por su localización geográfica, resulta definitivamente más curiosa es la relacionada a la ciudad de Volvera. Ésta se repite cada año, para Carnaval, cuando un personaje, disfrazado de oso, encabezando el desfile, renueva simbólicamente los antiguos festejos del retorno de la primavera. Si se tiene en cuenta que en la "representación" de tal recuerdo de antaño, también se exhibía la cucha seca del oso, resulta evidente la referencia al proverbio de introducción a este artículo y otras observaciones al respecto.

   Última peculiaridad: a comienzos del siglo pasado, en la ciudad de Cavour aún vivía un adiestrador de osos que se ganaba la vida haciendo "bailar" a su desdichado compañero en fiestas patronales y exposiciones. Era este un oficio muy antiguo que se vinculaba, en sus orígenes, con la figura simbólica y totémica del oso, [...] mucho más que la de un animal de grandes dimensiones que se retira en invierno para volver fuerte y lleno de vitalidad con los primeros soles de primavera.

                                                                                                             Diego Priolo

(Fuente: Pasquale Musso, octubre de 2000)

(Artículo de Diego Priolo, extraído de "Sbarüa", Club Alpino Italiano - Sezione di Pinerolo - Notiziario 1999-2000) Fuentes de las leyendas: Leggende e tradizioni del Pinerolese, de D. Priolo y G. V. Avondo C.D.A. - Torino

fecha de revisión:    06/04/2005