vecchio Piemonte

Curiosidades históricas (022)                 

INDICE home historia
Silvio Pellico
El joven Silvio Pellico en Pinerolo

Silvio Pellico



   Tal vez no podamos decir que Silvio Pellico siga siendo un autor que concite mucho interés. El propio retrato que de él nos han dejado la historia y la literatura han contribuido, de alguna manera, a relegarlo a un ámbito histórico como el del Risorgimento, pero ello se debe asimismo, "indirectamente", a la más célebre de sus obras: Le Mie Prigioni.

   No deja de ser, sin embargo, que durante más de un siglo después de su muerte acaecida en 1854, Silvio Pellico siguió siendo un referente cultural sumamente importante, y las muchas escuelas, teatros, calles y centros culturales que llevan su nombre son un homenaje y un testimonio significativo de ello. En Pinerolo, por ejemplo, su nombre era inmortalizado por la primera escuela secundaria creada en la ciudad, y en Bagnolo, el teatro llevaba su nombre.

   De la lectura de las notas biográficas, redactadas pocos años después de su desaparición, se desprenden sin embargo, además de su figura pública de gran patriota y de escritor, sus experiencias de vida, menos conocidas, en que se debatía entre la fidelidad a los principios y valores y la aceptación de nuevas instancias, lo cual le provocaba profundos sufrimientos interiores, anticipadores -en algunos aspectos- de sensibilidades y concepciones que verían la luz en los años posteriores. Este retrato no concuerda pues en absoluto con la imagen gratuita de "resignado", "conservador" o "santurrón" que parece adscribírsele en ciertos comentarios y críticas.

   En una de dichas notas, consignada en la Enciclopedia Utet, editada en Turín en 1866, se dedica un modesto espacio, de todos modos inhabitual para la época, y de la redacción de cuyo contenido se puede hipotetizar a algún pinerolense, a los años de juventud del escritor y poeta, en parte transcurridos en Pinerolo, donde la familia Pellico, oriunda de Saluzzo, se había establecido hacia 1792.

   Se habían afincado -escribía hace poco más o menos un siglo, en las páginas de "La Lanterna Pinerolese", el historiador Felice Alessio- en la casa Majneri (posteriormente de propiedad del químico y farmacéutico Marcellino), frente a la Plaza San Donato, tal como lo recuerda una placa de mármol colocada en la pared de dicha casa. En ella vivieron probablemente hasta 1799 y nacieron y murieron algunos de los hijos.

   El padre de Silvio, que se desempeñaba como comerciante (abarrotes), compuso algunos sonetos de escaso valor, cuatro de los cuales, sin embargo, integraron la recopilación de poemas con que fue obsequiado, por las autoridades locales, Monseñor Grimaldi, a su llegada solemne a la ciudad. (fuente: F. Alessio). Así pues, Silvio pasó en Pinerolo los años de su infancia, desde los cuatro a los once años, y ya durante estos últimos años fueron madurando sus primeras "faville poetiche". 

   Cierto Padre Manavella (quizá tan sólo clérigo) era su maestro y no se sentía muy satisfecho del esmero del muchacho, que "en vez de estudiar latín, corría muy a menudo por las orillas del Chiusone", contemplando "sus peligrosas aguas". "Poco sabemos -prosigue la nota biográfica- de aquella breve estada de la familia Pellico en Pinerolo, pero bien podemos afirmar que de entre todas las comarcas por donde erró posteriormente, fue aquella que quedó más poéticamente grabada en la memoria."

   El paisaje que se extendía a ambas orillas del Chisone (llamado entonces Chiusone) era seguramente mucho más fascinante de lo que es actualmente, al menos para los ojos de un niño. Es muy probable que Silvio descubriera así los lujuriantes bosques que bordean el río a su paso por el fondo del valle y la inmediata planicie, las tambaleantes "pasarelas" que unían las márgenes unas con otras, el audaz puente de San Martino sobre un impresionante trecho del Chisone, casi cavado en las rocas y precedido más arriba por la tan temida garganta de la Malanna, tristemente conocida, luego, por las numerosas desgracias acaecidas en ella.

   Si se tiene en cuenta que años más tarde, Silvio Pellico ambientó la parte inicial de Tancreda, poema en versos libres, en una caverna de las pendientes del Malanaggio, y sobre todo si se presta atención a la descripción que hace de los lugares, es plausible -aunque también es posible que sucediera en épocas posteriores- que a esos años se remonten el descubrimiento y el conocimiento directo o mediato de la zona.

   A la luz de lo referido por P. Rinieri, en una nota de la página XII del volumen I de su biografía de Pellico (Turín, 1899): "Silvio (en los años vividos en Pinerolo) contrajo una enfermedad de los nervios, con excitaciones fantásticas, pero luego de que se rezara una novena a San Francisco de Sales, sanó repentinamente", es probable que en sus fugas al Chisone no sólo existieran un deseo de aventura y el descubrimiento del mundo que se daba con el crecimiento del niño. En todo ello, quizá ya había prisiones, menos tangibles y macroscópicas, como sería la futura cárcel de Spielberg, que se empeñaban en sofocar su deseo de conocer el mundo y de cantarle, y cuyas puertas sólo podían abrirse de par en par, para no cerrarse nunca más, en la naturaleza en medio de la cual había crecido Tancreda, la indómita muchacha del Chiusone. es debían controlar el paso de las gentes por el valle.

 

                                                                                                    Diego Priolo

(Extraído de "L'eco del Chisone", 10 - marzo de 2002) 

 

fecha de revisión:   06/04/2005