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Curiosidades históricas (032)                  

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Walser
El pueblo Walser - Las casas Walser

Aspecto de una casa Walser terminada

El pueblo Walser

   La palabra Walser es una variación de Walliser, es decir habitante del Wallis, término alemán con que se designa la parte superior del valle del Ródano, valle de cultura alpina por excelencia. 

   Ya en el siglo VIII, los pueblos alemánicos, que ocupaban los valles inferiores del Rin y los prealpes suizos, subieron hacia el Oberland bernés y se aproximaron al altiplano de Goms. Así comenzó la colonización alemana del Alto Valais, la más elevada de las colonizaciones alpinas. La cría del ganado requirió obras de desmonte, canalización de las aguas y construcción de senderos y puentes. Con tales transformaciones el valle quedó en poco tiempo tan poblado que las riquezas que proporcionaba ya no alcanzaron para todos. Muchos abandonaron la cuenca del Goms y se desplazaron hacia otros valles, igualmente elevados (1200-1800 m.), en los que nadie había intentado vivir hasta entonces. Así pues, se fueron desplazando gradualmente por los valles laterales del Valais.

   La emigración hacia los valles italianos se orientó en un primer momento hacia el actual Valle Formazza y el Valle Antigorio. Entre los años 1000 y 1200 se produjo un lento flujo migratorio proveniente del Valais que se estableció en los valles que se encuentran al pie del Monte Rosa. A través de los pasos del Monte Moro y Teodulo, los walser llegaron a Rimella, Rima, Alagna, el Valle Vogna, etc. En aquellos tiempos, los campos de pastoreo de la zona del Monte Rosa pertenecían en gran parte a los monasterios, los cuales desempeñaron un importante papel en la bonificación de la montaña. 

   Los walser sufrieron los avatares de la nueva situación climática: el avance de los glaciares interrumpió las comunicaciones a través de los pasos superiores, destruyó campos de pastoreo y cultivo, y en algunos casos, llegó a comprometer las mismas viviendas. La pérdida de un grado de temperatura cada veinte años hizo que el glaciar avanzara 300-400 m., alargando su frente y transformando en glaciares los verdes prados. Los walser se vieron así obligados a emigrar hacia valles situados en zonas más bajas. Volvieron entonces hacia las ciudades de lengua alemana de Suiza y Alemania, en donde se desempeñaron casi exclusivamente como mercaderes de telas. 

   La lengua walser es un habla alemánica, carente de homogeneidad, que posee características por las que se diferencia de los otros idiomas de las zonas alpinas. En Alagna se la llama titsch. Comparte terreno con el alemán, el italiano y el francés, en una situación denominada cuadrilingüismo. Desafortunadamente, en algunos sitios, el walser se ve amenazado de extinción o directamente está desapareciendo. Algunas personas han observado el fenómeno y se esfuerzan por conservar la lengua, que es una parte valiosa del estilo de vida alpino. De este modo se desea salvar, para el futuro, un de los aspectos de la cultura alpina. 

   Por el contrario, en algunas localidades como Gressoney se conserva bastante bien. Actualmente, en casi todos los municipios donde hay o ha habido personas de origen walser, se han creado, en las escuelas, cursos de walser. 

   La religiosidad del pueblo walser era tal, que rayaba a veces en la superstición, induciendo a las personas a ver al demonio detrás de cualquier evento desagradable. Muchas son las leyendas que se han transmitido a través de los siglos, y en muchas de ellas se habla de difuntos y vida ultraterrena. En una de las paredes de las viviendas siempre había un ventanuco que tan solo se abría cuando moría alguien de la casa, para permitir así que saliera el alma, y tan pronto volvía a cerrarse para que el alma no pudiese regresar.


Las casas walser

   La casa rural de los walser de Valsesia, y más particularmente de Alagna, se caracteriza por reunir bajo un mismo techo la vivienda, el establo y el henil. En otros sitios, por el contrario, se encuentran casas cuyas partes destinadas a las actividades agropecuarias se diferencian de las afectadas a vivienda. Todas las funciones se concentran pues en un mismo lugar y constituyen un conjunto estructural único.

   Por lo general, la casa walser tiene tres plantas. Sobre la parte inferior, semienterrada y construida con piedras, descansa la estructura de madera de la casa y en ella se encuentran el establo, el estar, la cocina y otras dependencias. En el primer piso están los dormitorios, y en el último nivel, el henil y el pequeño cuarto en que se conservan los víveres.

   Confiere su carácter arquitectónico a la casa walser la amplia galería de arcadas que la circunda, a la vez que constituye una de sus partes integrales. La presencia de esta galería se debe al clima del lugar. Como es sabido, los veranos de la verde Valsesia son bastantes lluviosos. Las corrientes de aire caliente y húmedo que ascienden desde el valle del Po, al topar con los elevadísimos glaciares del Monte Rosa, se precipitan en forma de lluvia. Por esta razón los campesinos, que no podían dejar secar el heno fuera por mucho tiempo, para después guardarlo en los heniles, idearon casas totalmente circundadas de galerías enrejadas, en las que precisamente se colocan a secar el heno, la cebada y el cáñamo, sin que los moje la lluvia. Esta suerte de balcones enrejados para secar productos agrícolas se encuentra en casi todas las localidades de montaña, pero tan sólo los enrejados de la comarca de Alagna, superando el carácter rústico y primitivo, han logrado un resultado estético inconfundible. 

   Las casas se orientan con su fachada hacia el sur. En efecto, la disposición de las aldeas obedece a un preciso cálculo de las condiciones climáticas: reducir lo más posible la habitabilidad de los terrenos cultivables, no edificar en sitios donde pueden producirse grandes aludes de nieve, exposición al sol y disponibilidad de agua. Cada una de las partes se integra armoniosamente en el conjunto. La madera y la piedra, que no son otros que los brinda la naturaleza, confieren un sentido de unidad a dicho conjunto.

   La perfecta geometría de las casas instaura un orden clásico comparable al de la naturaleza. Humildad e igualdad en el orden y en el respeto por la comunidad. Testimonio, pues, de un pueblo extremada y felizmente ordenado. 


La estructura

  
La casa walser presenta un esquema geométrico cuadrado. En la planta semienterrada, las paredes están construidas con piedras de unos 60 cm. de espesor, por lo general colocadas en seco. En las plantas superiores, la estructura es totalmente de madera y se encuentra circundada por amplias galerías. Cuando la casa se encastra en una pendiente abrupta, la pared adosada a la montaña es totalmente de piedra hasta el techo (Scarpia). El valor estético de estas casas halla su máxima expresión y confirmación en el conjunto que constituye cada una de las aldeas, en las cuales las viviendas se disponen unas respecto de otras en una magnífica armonía.


El establo

  
El establo se alberga en el basamento de mampostería y se encuentra así al reparo de los vientos y la helada. Es el sitio más cálido de la casa, al punto que en uno de los ángulos se instala el estar familiar. El calor del establo, al elevarse, transmite tibieza a las habitaciones superiores. Encima de estas, el henil crea una aislamiento térmico total. El piso del establo se cubría generalmente con grandes lajas, entre las cuales se abría un pequeño canal para el desagüe. En el establo, cálido y húmedo, se solía asimismo colocar el telar. El pequeño espacio reservado para el estar lo amoblaban bancos de madera, una mesa rebatible y un pequeño horno de piedra. Entre el establo y el estar no había paredes, sino tan solo un biombo de madera de aproximadamente un metro de altura. 


Los dormitorios

  
En el primer piso, por encima del establo, hay cuatro dormitorios, en los que se encuentran un ropero y una cama encastrada en la pared, con contorno elegantemente diseñado y trabajado, y una banqueta fija delante de la cama. La media de las camas es de 1,10 m. por 1,80 m., lo cual hace pensar que los antiguos habitantes de estas casas eran de escasa estatura. No hay puertas que comuniquen los cuatro dormitorios entre sí. 


El henil

  
El tercer y último nivel, bajo el tejado, se destina al henil. Sus puertas de acceso son por lo general de grandes dimensiones para dejar pasar con cuévanos repletos de heno. Se ocupa todo el espacio del henil, hasta la viguería del techo. También se solía instalar en él un pequeño cuarto donde se almacenaban los víveres. 


La techumbre

  
Es por lo general un techo de cuatro aguas cuyos extremidades sobresalen ampliamente en cada uno de los lados de la casa. La parte sobresaliente frontal supera en algunos casos los tres metros, de modo tal que protege la parte anterior de la casa de las nevadas. 


La galería

   Salvo algunas excepciones, las casas walser no tienen escaleras interiores. Se accede a las plantas superiores por escaleras exteriores de piedra. Las puertas de los dormitorios del primer piso dan exclusivamente a la galería circundante. Dadas sus dimensiones, casi dos metros de ancho, la galería se convierte en otro lugar habitable de la casa, con bancos de madera, mesas rebatibles, arcones y banco de carpintero. 

(El texto y el dibujo han sido gentilmente prestados por el sitio: http://www.valleotro.it )

fecha de revisión:   06/04/2005