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Edoardo Bellarmino Perroncito (1847 - 1936)        

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Edoardo Perroncito
 

Edoardo Bellarmino Perroncito (1847 - 1936) (fotografía tomada de  www.rettorato.unito.it/)


   En la extrema periferia turinesa, donde esta ya confina con Collegno, existe una pequeña calle que lleva el nombre del veterinario, patólogo y pasasitólogo Edoardo Perroncito.

   La humildad de tal recordación se ve mitigada de alguna manera si se considera que la calleja gemela y paralela a esta ha sido dedicada nada menos que a Pasteur. Se encuentran así reunidos por la toponimia urbana dos científicos que, sin ser médicos, contribuyeron tan considerablemente a la medicina (el científico francés era químico y nuestro Perroncito, zoólogo), colaboraron uno con el otro e incluso fueron amigos.

   Edoardo Bellarmino Perroncito nació en Viale d'Asti el 10 de marzo de 1847. Luis, su padre, era zapatero y Lucia, su madre, se desempeñaba como costurera. Edoardo tuvo cuatro hermanos varones y una hermana. Al término de sus estudios secundarios, realizados en Asti, ganó un concurso con el que pudo inscribirse gratuitamente en la Regia Scuola Superiore de Medicina Veterinaria de la Universidad de Turín.

   A los veinte años de edad, obtiene brillantemente su licenciatura, y comienza a desempeñarse como veterinario municipal en Turín. Poco tiempo después ingresa, en calidad de asistente, en el Instituto de Anatomía Patológica y Patología General, dirigido por el Prof. Sebastiano Rivolta. En 1873 Perroncito gana por concurso el puesto de sucesor de Rivolta, quien había sido transferido a la Universidad de Pisa, y al año siguiente, a la temprana edad de 27 años, es nombrado profesor titular de la cátedra de Anatomía Patológica. Tal fue el esplendoroso comienzo de una larga carrera de docente e investigador en que, durante más de medio siglo, se desempeñó en la Scuola di Veterinaria de Turín.

   Esta escuela, que había sido la primera en fundarse en Italia y la cuarta en el mundo, después de la Lyon, Alfort y Viena, ya había celebrado en 1869 su centenario. Complejas circunstancias habían provocado su traslado desde Venaria Reale a Chivasso y posteriormente a Fossano, pero en la segundad mitad del siglo XIX se estableció definitivamente en Turín, y bajo la dirección de personajes como Carlo Lessona, Felice Perosino y Giovanni Battista Ercolani, fue asumiendo cada vez mayor prestigio. Fue en este ámbito, ciertamente estimulante, donde Perroncito pudo comenzar sus investigaciones en el campo de la patología animal, que, al igual que las otras ramas de la ciencia, se encontraba en pleno desarrollo y evolución.

   Se presentaba al patólogo veterinario la oportunidad de abordar con técnicas nuevas y más precisas el estudio de las manifestaciones morbosas y sus causas. La actividad de Perroncito se orientó por un lado hacia estudios de anatomía patológica, y por el otro, hacia investigaciones de índole microbiológica y parasitológica.

   Tal como lo recalcaba Ghisleni, el común denominador de todas las investigaciones de Perroncito era "su actitud mental... de orientar útilmente la investigación científica en correlación con una laguna o una necesidad práctica..." Aquellos eran años en que los animales redituables, además de poseer un valor zootécnico, eran preciosos por la actividad que desarrollaban pues aún no habían sido desplazados por la máquina. Se debe asimismo a Perroncito el mérito de velar incasablemente por las exigencias prácticas de la higiene, rural y urbana, de la zootecnia y la agricultura.

   La celebridad alcanzada mundialmente por el veterinario de Asti se vinculó principalmente con los resultados obtenidos en el campo de la parasitología. Sus investigaciones, su prestigio y su entusiasmo lo llevaron asimismo a ocupar, en 1879, la cátedra de Parasitología -primera en Italia- de la Facultad de Medicina y Cirugía de Turín. Este hecho, conmemorado en ocasión del primer centenario por el Prof. Balbo, marcó el surgimiento de la parasitología, como ciencia per se nacida de la colaboración entre la patología y la zoología.

   En el caracter principal de la materia, intrínsecamente interdisciplinaria, hallaba correspondencia el propio caracter de Perroncito: abierto a las confrontaciones, atento ante las contribuciones estimulantes por insólitas que fueran, proclive a la comparación. Es prueba de ello la amplia gama de métodos de investigación que adoptó para estudiar los más diversos temas relacionados con los organismos animales y vegetales. No nos olvidemos que Perroncito hizo públicas, entre otras tantas, sus investigaciones sobre la microbiología del vino, la cerveza y las aguas, sobre la patología vegetal, sobre las enfermedades y cría del gusano de seda y la abeja. Sin embargo, uno de sus estudios parasitológico en el campo humano fue el que le proporcionó las mayores satisfacciones y los más importantes reconocimientos.

   En aquel mismo año 1879, efectivamente, se le solicitó que estudiara la enfermedad que aquejaba a numerosos obreros empleados en la construcción del ténuel del San Gottardo. Se trataba de una severa forma de anemia que ya había matado a miles de mineros y provocado la internación, en hospitales de Lombardía y Piamonte, de más de 5000 hombres. No existía hasta entonces ninguna posibilidad terapéutica ni se concocían las causas de tal afección que, según presunciones, era causada por un concurso de factores ambientales desfavorables y la acción tóxica de los gases q ue emanaban de las explosiones mineras. La terrible situación ambiental del túnel del San Gottardo se caracterizaba en efecto por el constante estancamiento de las aguas, la elevada temperatura y la ttoal falta de medidas higiénicas. Durante la autopsia de un minero muerto de anemia, Perroncito pudo observar en el duodeno la presencia de más 1500 diminutos gusanillos adheridos a la mucosa. Se trataba de una especie de nematodos que si bien ya había sido descrita en 1843 por Angelo Dubini con la denominación de Ancylostonia duodenalis, nunca había sido relacionada directamente con la enfermedad que afectaba típicamente a mineros y a otras personas que trabajaban generalmente en lugares húmedos. Una que vez que pudo diagnosticar la anemia causada por este organismo, Perroncito continuó rápida e intensamente su investigación y descubrió una técnica que permitía el desarrollo del gusano a partir de los huevos contenidos en las heces de los pacientes. Luego, con el abundante material de que disponía, comenzó a experimentar la acción del calor y de una larga serie de sustancias químicas y extractos vegetales. Así consiguió particularizar la acción vermicida del extracto etéreo de helecho macho que pronto experimentó con sus pacientes y recomendó a otros facultativos que desempeñaban análogas investigaciones.

   Aquello fue todo un éxito: con tal tratamiento todos los nematodos presentes en el duodeno, que ejercían una gravísima acción expoliatoria nutriéndose de la sangre extraída de los vasos de las paredes intestinales, eran expulsados, y en poco tiempo los pacientes recobraban un excelente estado de salud. Las investigaciones de Perroncito sugerían asimismo eficaces operativos de bonificación de las áreas infestadas y, muy especialmente, una prevención segura basada en el respeto de rigurosas normas de higiene.

   Desde entonces, millares de enfermos, no sólo en Italia sino también en otras zonas mineras de Europa, como Francia, Bélgica, Alemania y Hungría, sanaron, y en pocos meses la enfermedad de los mineros se convirtió, como decía el propio Perroncito, en "una cuestión resuelta". La mejor confirmación del hecho fue, pocos años después, la total ausencia de la patología en las obras de construcción del túnel del Simplón. Tal como se puede observar, aquello no fue un descubrimiento, sino la aplicación de un método riguroso y la minuciosa consideración de los resultados obtenidos a partir de la experimentación en laboratorio, que tanta fama dio al joven profesor.

   Si esta fue indudablemente la etapa más importate en la carrera científica de Perroncito, hubo otras no menos relevantes, en las que nuestro científico se desempeñó en los campos de la microbiología, la higiene y la profilaxis.

   Por entonces, Pasteur había logrado una eficaz profilaxis contra el carbunclo por medio de la vacunación a base de vacilos cuya patogenicidad se había atenuado con una oportuna exposición al calor. El gobierno italiano encomendó oficialmente a Perroncito un estudio y evaluación de tales experimentos, y en 1887, tras un viaje a Francia, el científico, convencido de la validez de los métodos, fundó en Turín el "Laboratorio Pasteur" para la producción de la vacuna anticarbunculosa. Posteriormente, dicho laboratorio, cuya presidencia honoraria quedaba a Perroncito, fue trasladado a Roma. Se había ganado una nueva batalla contra la terrible enfermedad que afectaba a humanos y ganado.

   El intercambio científico con pasteur, sustentado por una recíproca estima y amistad, prosiguió luego con estudios sobre el cólera de los pollos y la rabia.

   No resulta extraño que en tiempos, como los de Perroncito, de grandes evoluciones científicas, algunos opusieran cierta resistencia ante las innovaciones propuestas. Hubo incluso, como en el caso de las vacunaciones, hostilidades en el mismo ámbito sanitario, y Perroncito emprendió entonces, conjuntamente con el periodista Bottero, una eficaz campaña de prensa a través de las páginas de la "Gazzetta del Popolo" de Turín.

   Asimismo, en otras ocasiones, tuvo que recurrir a su "vis polemica" para sostener sus opiniones o reivindicar la prioridad de sus descubrimientos. Así, por ejemplo, en el Congreso Internacional sobre la tuberculosis realizado en Londres en 1901, Perroncito recordó a los asistentes que ya 1868 había descrito la identidad istológica de las lesiones típicas provocadas por tal patología en el bovino y en el hombre. También tuvo que defender la prioridad de su diagnóstico y terapia de la anquilostomiasis, usurpados por el Prof. De Renzi de la Universidad de Nápoles.

   Como ya hemos dicho, Perroncito no limitó sus estudios al hombre y a los clásicos animales de interés para la veterinaria, sino que dedicó mucha atención a las enfermedades y técnicas de cría de los gusanos de seda y la abeja. Además de las publicaciones científicas, su pasión por estos temas se materializó, en 1884, en la creación del Museo del Gusano de seda, tranformado luego, en 1911, en Museo de Apicultura y del Gusano de seda, que albergaron las habitaciones de la Villa Pasteur, que el Prof. Perroncito poseía en Cavoretto. Este museo fue cerrado a fines de los años 20, pero por mucho tiempo fue un activo centro de estudio y difusión.

   La larga como intensa carrera del docente universitario concluyó cuando, en noviembre de 1923, se retiró por razones de edad. La merecida celebración del evento fue organizada por un comité al que adhirieron autoridades y científicos italianos y extranjeros. Participaron intensamente en ella alumnos y colegas, y el científico Perroncito recibió innumerables demostraciones de estima provenientes de todo el mundo. En tal ocasión, el Prof. Voronoff, de París, pronunció una conferencia sobre sus entonces famosas investigaciones en materia de rejuvenecimiento por medio de transplante de testículos, experimentos realizados con un ser humano y órganos de monos donantes. Tras estos honores, se constituyó una fundación "Edoardo Perroncito", reconocida en 1925 como entidad moral, cuyo objetivo era otorgar becas de estudio a jóvenes licenciados en veterinaria.

   Pero mucho tiempo antes de que, en ocasión de jubilarse, se hiciera merecedor de tales reconocimientos, Perroncito ya había recibido muchísimas muestras de consideración de parte de sus contemporáneos, cuya extensa lista se puede deducir de la lectura de las numerosas conmemoraciones que se realizaron en su honra después de su muerte. Perroncito fue presidente de la Accademia di Medicina de Turín, de la Reale Società ed Accademia Veterinaria Italina, fue presidente honorario de la Société Zoologique de Francia, la cual en 1902 dio un ágape en su honor, del que nos ha quedado el curiososo menú con un retrato de nuestro científico, coronado con una guirnalda de gusanos parásitos. Presidió asimismo numerosos congresos internaciones de medicina, veterinaria y apicultura. Durante cuatro años, desde 1898 a 1902, fue también director de la Scuola Superiore di Medicina Veterinaria de Turín, donde desempeñó el cargo que años antes había pertenecido a su cuñado, el Prof. Giulio Bizzozero, célebre patólogo que dio su nombre a las placas sanguíneas y fue conmemorado, a su muerte prematura, en 1901, por E. Perroncito en la Academia de Agricultura. En 1882 recibió el premio Balbi-Vallier del Regio Istituto Veneto di Scienze e Lettere, y en 1931, como muestra de cuánta estima se le tenía todavía después de muchos años de retirarse de la vida académica, recibió el premio Montyon de la Academia de Ciencias de Francia, de la que era miembro correspondiente. Francia le confirió asimismo la Legión de Honor y las Palmas Académicas. Recibió el título de doctor honoris causa de la Universidad de Modena, de la Universidad Reina Victoria de Manchester y, en 1911, de la Universidad Imperial de Viena. En esta última ocasión, se le concedió extraordinariamente que pronunciara su conferencia en lengua italiana.

   Ante la posibilidad que tenemos de escoger de entre un sinfín de análogas celebraciones, nos complacemos en recordar aquí el viaje que realizó en 1910 a la Argentina, invitado oficialmente con otros tres italianos a los festejos del Centenario del mencionado país. En tal ocasión, según refiere C. Barile, fue literalmente llevado en andas por los estudiantes del Ateneo de Buenos Aires.

   Naturalmente, Perroncito también fue objeto de críticas, quizá no totalmenteinfundadas, sobre todo en lo que respecta los aspectos metodológicos de su trabajo. Escribía el Prof. Bertarelli al conmemorar a Camillo Golgi: "... un espíritu original y dotado de intuición, indudablemente genialoide, aunque mal formado en métodos rígidos -Edorado Perroncito- creaba ex novo nuestra parasitología". Observaba el Prof. Leclainche: "La microbie le passionne autant que la parasitologie; mais sans doute pour n'avoir pas été initié d'emblée à ses techniques, il n'obtient que des résultats partiels" y lo saludó como a uno de últimos representantes de la "grande période" de la ciencia del siglo XIX. Se transluce asimismo un juicio negativo implícito acerca de la excesiva variedad de intereses de nuestro científico, sobreentendiéndose que la cantidad se daba en menoscabo de la calidad.

   Consideramos oportuno, sin embargo, recordar las palabras escritas por el Prof. Mantovani en referencia al método: "La insuficiencia de medios técnicos a disposición de nuestro científico lo han llevado quizá a cometer errores interpretativos. No obstante, incluso en tales circunstancias, Perroncito siempre ha basado sus deducciones en una serie lo bastante grande de pruebas experimentales como para darnos hoy la posibilidad de concretar, a través de la lectura de los protocolos de experiencias, la verdadera intrerpretación de la naturaleza y el origen de un proceso morboso no percibido por nuestro científico".

   En muchas de sus publicaciones, por cierto, Perroncito describió con imprecisión las modalidades de las experimentaciones efectuadas, pero más grave aún resulta la pérdida, durante la última guerra, de toda la documentación que conservaba la Universidad. Habría constituido seguramente una enorme mina de datos por redescubrir. No obstante ello, todavía se dispone de la vasta colección parasitológica de más de 700 ejemplares.

   La vida familiar le había deparado ciertos grandes sufrimientos: en 1890, muere Mario, su segundo hijo, de seis años, enfermo de tuberculosis, y en 1929, por la misma causa, muere Aldo, su otro hijo, a la edad de 45 años. Este último había realizado una rápida y brillante carrera universitaria que le había hecho obtener el cargo de titular de la cátedra de Patología General y convertirse en el sucesor, en la cátedra de la Universidad de Pavía, de Camillo Golgi, premio Nobel de Medicina, con cuya hija Anna se había casado.

   Tras la muerte de su primera mujer, Perroncito se casó con una egipcia llamada Mirte, pero volvió a enviudar. Resulta curiosa y trágica la historia de la herencia que debía recibir Perroncito deespués de la muerte de su segunda esposa: el barco que transportaba a Italia los baúles que contenían, entre otras cosas, las preciosas acciones del Canal de Suez, naufragó y en el accidente pereció el joven avogado que había viajado a Egipto para ocuparse de la operación.

   La multifacética personalidad de Perroncito se afirmó asimismo en otros campos de la vida civil y cultural de su época. Durante muchos años se desempeñó como alcalde de Viale d'Asti y llegó a ser el decano de los alcaldes de la Provincia de Alessandria, la cual hasta 1935 comprendía también el municipio de Asti. También se le eligió consejal municipal de Turín, fue mazón, y en 1918 presidió el comité para la erección del monumento a Mazzini de Turín.

   En muchas ocasiones, dio pruebas de generosidad y nobleza de corazón: ofreció la Villa Pasteur de Cavoretto para albergar a los prófugos y heridos de los terremotos de Mesina y Avezzano, y durante la primera guerra mundial transformó dicha casa en refugio para hijos de llamados a las armas. De este acontecimiento nos queda el testimonio de un corto artículo, firmado por un tal Altea, aparecido en el número del 20 de agosto de 1915 de la revista "La donna", órgano de la obra femenina italiana par ala guerra. Acompañando dicho artículo, aparecen fotografías del profesor, con su característica barba larga y blanca, rodeado de niños y recibiendo en su villa un grupo de importantes visitantes.

   Recordemos asimismo que Perroncito sintió siempre un profundo amor por la litratura clásica, en particular por la obra de Dante, y fue presidente del comité de la sociedad Dante Alighieri de Turín.

   Perroncito murió hace cincuenta años y sus restos reposan en el cementerio de Pavía, junto a los de su hijo Aldo. Pocas son las personas que actualmente aún guardan un recuerdo personal del científico y pueden, paralelamente a las memorias oficiales, describir con nitidez alguno de sus razgos humanos, como su apetito voraz o su costumbre -de la que nunca desistió- de calzar en invierno, en cualquier ocasión que fuese, enormes zuecos de madera, o incluso el caracter agudo y por momentos casi infantil de un hombre que había vivido con intensidad una existencia realmente fuera de lo común.

Marco Galloni

 

Nota - En 1986 el Círculo Numismático de Asti (bajo la presidencia de I. Currado) mandó acuñar la novena medalla conmemorativa en honor a E. Perroncito. M. Galloni, obra del mencionado Instituto universitario, dirigido por algún tiempo por nuestro científico, hijo de la ciudad de Asti

Bibliografia

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(Extraído de "Il platano", revista cultural de Asti, año XII, 1987, pp. 51-57)

 

fecha de revisión:   06/04/2005